Hoy es otro día

Hoy es otro día
otro miércoles
otro jueves

mis huesos tiran de mi piel
hacia el sofá
aplastado por la gravedad
nada bueno bajo sol

hoy es otro día
y un abuelo recoge a su nieto
de la guardería
su mujer prepara lentejas
y huevos fritos en casa

los pensamientos toman el control
de la nave
y me obligan, a detenerme
a escucharme, a no hacer nada
nada nuevo desde la luna

hoy es otro día
y no queda cerveza en casa
mañana será otro
y al día siguiente, otro…

Canada

¿A dónde huir (cuando no quedan islas para naufragar)? Porque lo que parece querer todo el mundo en estos momentos, es conocer el lugar. Por el cómo ya nos preocuparemos. Lo primero es llegar allí. Dicen algunos que el mundo ha comenzado a perder la cabeza. Como si alguna vez la hubiera tenido. Que si esto, que si aquello o lo otro. Los acontecimientos se van sucediendo como una actuación de trapecistas. Y con cada nuevo número, tenemos que frotarnos los ojos con más fuerza. O eso nos dicen que hagamos.

Porque a mí, personalmente, no me interesan demasiado ciertas cosas. No más allá de la mera información como ciudadano del día a día. Opinar, por supuesto, de manera introspectiva. Normalmente, a excepción de una charla informal entre conocidos, o que las ganas por plantear mis opiniones en público (o el alcohol) me obliguen a tener que desfogarme. Trato de no dejarme llevar por ese defecto visceral. Lo de opinar en público, me refiero. Estamos trabajando en ello. Bajo estas reglas de juego, no entiendo otra forma de encarar el partido. Pero es importante reconocer (o más todavía quizá, reconocerse) cuáles son esas reglas bajo las que te ha tocado jugar. No se juega de la misma manera en todos los rincones del mundo.

Y mientras unos deciden pensar que a todos nos bañan los mismos rayos de sol, otros deciden ponerse estupendos. Corren ríos de tinta digital con los diez principales motivos que predijeron el auge de un nuevo príncipe de las tinieblas. Análisis y contraanálisis de movimientos políticos. Política, ah, ese juego. Y mientras, algunos otros, van abandonando el barco lentamente, cada día, cada año. Nos abandonan mientras suena de fondo una interminable marcha fúnebre de violines. Enormes estrellas (algunas también con su lado oscuro) van poco a poco apagándose en nuestro firmamento.

Ahora parece que las cosas suceden mucho más deprisa. Y lo que sucede es que ahora nos enteramos mucho antes. Simplemente, podemos elegir no querer enterarnos. Cerremos esta pestaña del navegador. Apaguemos la tele y la radio. Incluso tiremos (o quememos, si así lo creemos necesario) ese libro. Salgamos ahí fuera, o si no es posible, quedémonos mejor ahí dentro. Recreémonos en nuestros pensamientos. Imaginar. Jugar. Y cuando todo esté listo (o nos hayamos hartado de imaginar), salgamos fuera y respiremos. El mundo nunca dejará de girar, seguirá ahí cuando decidamos volver a meternos en él. Aunque haya personas tratando de decirnos lo contrario.

Que nuestro trabajo, nuestra salud y el de las personas que nos importan sea lo único que guíe nuestros pasos. Algunos, los que nacimos bajo la marca del Cobarde, no podemos hacer las cosas de otra manera, la mayoría de las veces. ¿Lo quieres más negro?

Bacc in Blakk

inquietante y firme
estampa, la del caballero negro
dejando tras de sí tan sólo
un sonido metálico
al caer las puertas
de la entrada de su castillo

la noche volvió a acudir a él
mas logró esquivar su envite

corriendo por bosques de locura
y borrachera, donde las mil almas perdidas
una jungla de concreto
“eh amigo,
amigo,
quieres algo?”
y todas las mujeres
eran pocas a sus ojos
su princesa disney
yacía desde temprana hora
en la noble alcoba del castillo
soñando entre ronquido y ronquido
con eternas tardes de lluvia y otoño
¿a quién rendir la guardia
cuando ya no queden camaradas?
¿adónde acudir
en estas circunstancias
cuando ya no quedan molinos
a los que combatir?

volvió a recorrer el sendero de la derrota
cruzándose e intercambiándose barro y polvo
con los alegres peregrinos que marchaban
dirección contraria
o siempre arriba, o siempre lejos
y en todo momento
desnudándose frente al mundo
y subiendo su desnudez a las redes sociales
o simplemente
el gintonic, su cena, su vida

finalmente, postrando su esparaguas
en la misma puerta de la alcoba
en el torreón
quitóse su armadura negra
limpióse sus botas de materia desconocida
y sentándose finalmente
a reposar la jornada y
contabilizar sus experiencias
mojó en tinta su palo de grabar
y pensó y luego escribió

“y esto no es
cifrado mensaje con
oscuras palabras para ti y para mí
tampoco es un mensaje para ti
ni tampoco es
ni
MU
MIU

sencillamente es
mi manera de contribuir
y de esquivar otros envites
o mi particular manera de vivir
y combatir, por ejemplo
El Efecto Invernadero Y Sus Nubarrones Grises
presentando su gira dos mil dieciséis
(dos pases por noche)”

Vendavales y huracanes

Vendavales y huracanes
se arrancan por soleás
en la ribera de este otoño
que pasa,
que nada,
que nos acaricia
con las puntas de sus dedos
impregnadas
de los polvos de talco de miles de tardes

Y tu sexo es
la lluvia cayendo
sobre la frondosa y olvidada pradera,
la que mis ojos no volvieron a contemplar
desde que está prohibido
volver a ser un niño

Cantos de sirena

En estas horas inciertas
de gargantas gritando por las escaleras
portazos a la hora de la siesta
dolores de cabeza incomprensibles y pesados

Dejas que el caos te rodee
te salpicas de cada una de las
polémicas voces
te zambulles en todas las piscinas
que se te presentan

Primaveras rosadas parecen reflejarse en sus ojos
y tú mientras, embutido en un largo invierno
cuestionas y clamas contra los ancianos dioses
cuál es mi secreto
qué enigma encierran los silencios
dónde pliegan sus alas las viejas golondrinas grises

Y no existen muchos secretos
tan solo los cabos
con los que amarrarse al mástil
mientras se cruzan cantos de sirena

Hay un grito en la noche

Hay un grito en la noche
lagartos que pernoctan a orillas del río
soñando latitudes más cálidas
en completo silencio

Aparece un destello en el sueño del niño
y un agujero negro
se cansa de engullir
y de no generar materia

Existe un filo en el ojo del asesino
que camina a oscuras
por el callejón, aparentemente
a plena luz del día
apretando una empuñadura

Rompe por fin el agua
su prisión de roca en la montaña
cada primavera
llegando al final del verano al mar
anhelando contener el secreto
del veneno en cada una de sus venas

Veo una sombra en el espejo
y soy yo
y yo es el otro
o soy yo
o yo es el otro
y yo les miro
o ellos me miran
o yo no miro
y miran hacia otro lado

Así, me intoxico de sueño etílico
entre gritos,
destellos,
oscuridad,
veneno
y de silencio

Es el azar, idiota

Muchas veces olvidas cómo comenzó todo este tinglado. Un mar repleto de probabilidades, y fuiste a dar con esta pequeña piedrecita enana. Es el único hecho real al que, tal vez, debiéramos prestar atención. Podemos llamarlo servidumbre, como hacen algunos, si te parece más apropiado. El peligro de hacerlo, es que puedes crear un arma poderosa. Poderosa y peligrosa. Podemos llamarlo creencia, o podemos llamarlo ciencia. Si te lees el libro al revés, verás como tú también caes en la confusión. Lo que nos haría falta tener bien claro es que, igual que hemos llegado hasta esta isla en mitad del océano, algún día nos iremos.

Así fue como me lo explicó el vagabundo. Era de noche, yo paseaba por el muelle, las luces de los barcos pesqueros perfilaban la línea invisible del horizonte. En mi corazón no había nada, solo tinieblas y, tal vez, miedo e incertidumbre, y él me lo colmó de palabras y esperanzas. Dijo que, reducir toda esta aparente complejidad cósmica, es fácil. Que el miedo es un conjunto de mecanismos biológicos, difícilmente entendible por mis limitados conocimientos. Que todo es una mezcolanza de ecuaciones, líneas imaginarias, ideas y azares. Que no debía preocuparme de nada, porque nada está realmente bajo mi control, salvo alguna cosa.

Bastantes años después, recordé algunos momentos de esa conversación. Y lo que en su día me sumió, aún más, en las tinieblas y la ignorancia, ahora parecía arrojar algo de luz a las nubes de oscuridad de mi mente. Tal vez yo ya no era aquella persona que recibió aquellas palabras, tal vez las palabras habían viajado muchos millones de kilómetros. Tal vez flotaran, con el polvo cósmico de las estrellas, o de nosotros mismos (C. Sagan dixit) a través del tejido interestelar. O de algo llamado campo gravitatorio. Tal vez habían flotado invisiblemente, pasando a través del cuerpo de mi pareja, que descansaba plácidamente en el dormitorio, hasta mí. Tal vez ella las recordaría en los años venideros. Tal vez seguirían flotando durante muchos más años, quizás siglos o milenios, atravesando millones de estrellas y de otros cuerpos. Tal vez, si algún día regresaba a esta pequeña isla, volvería a escucharlas, y puede que tuviera la suerte de volver a comprenderlas. Invisibles, entrarían por mi oído derecho y me enseñarían esa pequeña parte de mi mente tan ajena y desconocida por mí.

Mientras tanto, por aquí estaré. Yo, no me quiero ir.

Politikós

Un par de ideas posiblemente equiparables, la falta de gusto musical (y en general, artístico) de los futbolistas de hoy en día y la falta de gusto artístico en los anuncios de coches de hoy en día. Un coche blanco, lujoso, con los faros encendidos conduciendo por una carretera circunvalatoria de alguna ciudad, de noche. El vehículo se detiene. La puerta se abre y aparecen unas piernas de mujer. De fondo sonará algo que, de ninguna de las maneras, pueda parecerse a una música o canción (mención aparte cuando se utilizan canciones conocidas y comerciales). Otro anuncio. Un coche blanco, deportivo pero con aspecto robusto, grande, bien equipado. Circula por un túnel escasamente iluminado. Da igual, ahí están los faros de xenón con su luz también blanquecina. Interior del vehículo y rápido vistazo al cuadro de mandos. Pantallas que cada vez más recuerdan al escritorio de cualquier ordenador de sobremesa. Para llevarte la diversión contigo, y algo de tu trabajo también. No sabría decir exactamente por qué, pero es conveniente que aparezcan unos ojos de mujer reflejados en algún sitio, un espejo retrovisor o algo. Y si se pudiera hacer que la mirada sexy femme fatale oliera a algo parecido a channel o algún otro perfume igual de aburrido, mejor.

Lo peor es que este tipo de moda, ese afán de la excelencia, el superlujo, el diseño sobrio y elegante que olvida y destierra para siempre los orígenes humildes, pobres y (claro, por qué no) macarras de unos y otros se va extendiendo como una mancha de meada en un suelo de mármol. Se aprecia en cómo ha cambiado la televisión, los presentadores, los programas, los platós e incluso las respuestas que da la gente por la calle en algunos programas. Todos conocen su papel. Quieren aparentar ser sofisticados, inteligentes, relevantes. Todos creeremos tener algo que decir, aunque seguramente todos acabemos diciendo más o menos lo mismo. O la política y el fútbol. Dos de las peores ideas que se le pudieron ocurrir a la humanidad, se unen y comparten los peores aspectos de sí mismos en busca del cruce definitivo del mal gusto. La mentira, el engaño, el esconderse tras una bandera o algún color para poder dar rienda suelta a nuestros miedos, odios y pasiones interiores. Aparentar. Yo soy de X. Yo he votado a Y. Qué hijoputa es Z. El fútbol (qué sé yo), podría ser disfrutar con un buen juego, una disposición táctica inteligente y quedarse con la boca abierta ante una genialidad. Lo malo es que los hooligans de la política sí afectan a nuestro día a día. Qué se podría decir de la política. Algo bueno habrá, pero lo ignoro. Siempre es más placentero cerrar los ojos y caminar sobre el alambre, o creer que se vuela por encima de nuestros rincones favoritos, viéndolo todo a vista de pájaro. O tirarse de cabeza al mar y esperar a ver quién te atrapa primero, si el capitán Ahab o la ballena gordota. Mucho menos doloroso y sano para la salud mental que, por ejemplo, tener que defender actitudes indefendibles, o a desgraciados cabezas locas que ensombrecen y mancillan día sí, día también, aquellas siglas y colores por los que crees que deberías morir. No sé, piénsalo.

Y de repente

Una vez, soñaba
que una mano gris y moribunda
te tocaba
y de repente,
una sacudida me golpeaba en mi conciencia
y tu carne se volvía oscura
como una fotografía
que empieza a arder
echada al fuego

Y de repente, desperté
y la oscuridad,
había echado raíces
allá donde mis ojos
dirigieran su mirada

Y de repente, volví la mirada
en el sueño
y ya aparecías tan lejos de mí
que mi mano no volvería a tocarte,
lo sabía

entonces, el sueño acabó

No era más que la alergia
que asfixiaba unas gastadas
vias respiratorias

En la oscuridad de la noche
poco antes de que empezara la madrugada
desperté
y de repente, dije
“más vino,
por favor”

Esta vieja

Ah, esta vieja ciudad
no nos ha abandonado
seguía aquí, con nosotros
y conmigo, esperándome

Desde las largas avenidas oscuras e infinitas
de ciudad universitaria
hasta la esquina de fuencarral con sagasta,
los venerables callejones de duque de liria
y los paseos pirinéicos a la verita de la dehesa

Ha estado ahí todos estos (tantos) años
guardando el caldo en las botellas
de las tascas secretas de los templos de los gatos
zambulléndose en las sucias aguas del manzanares

Ah, nuestra vieja ciudad
(mi vieja ciudad)

Cómo es atravesarte como una flecha tu corazón,
como correr y correr sin motivo aparante
sin razón
por una gran pendiente verde, cuesta abajo

Tus brazos acariciándome el pelo
y yo queriendo llegar más, más, más
y más adentro

Ah, me alegra saber de ti
después de tantos años
y saber que nunca nos olvidamos
y nos debemos esa lata de cerveza a medias
por bravo murillo o en el backstage
entre goiri y topete
¿a ti qué tal te fue? ¿conociste a muchas gentes?
seguro que aunque te besaran
nunca consiguieron descifrar tus secretos
(nadie lo consigue)
igual que no se puede comprender
por qué resulta tan especial
mirar hacia dentro de ti,
y no hacia fuera
desde el viaducto de bailén

Ah, cómo anda esta ciudad vieja
unos vinieron
otros se quedaron
y algunos se largaron
buscando la estrella errante
las almas de don quijote
el espíritu del eterno vagabundo
olvidando tus recuerdos
y tus manos jamás volvieron a tocar sus rostros

Que tampoco fui siempre un santo
uno lo empieza a comprender más tarde
cuando me miras desde los ojos del verano
me ahogas con los vapores del alcohol de absenta y whisky
sentados en alguna terraza pija de por ahí
y no puedo aguantarme más y,
rendido
confieso

Dormí en las camas de otras
y caminé de la mano de otras
¡fueron todas como tú y a la vez todas tan distintas!
tú, siempre revoloteando en mi cabeza
sí, es cierto
me abracé a otros aromas
dormí con aquellos otros vinos dulces
y guardaré para mí y mis secuaces
las noches acurrucado bajo una toalla
ardiendo de frío
a las orillas del mar, lejos de ti

Ah, pero entiéndeme tú
que siempre fuiste tan sabia
y no por vieja, ni canalla
que también
pude encontrar la Palabra
y seguir las migajas de la Verdad
en la pluma de aquellos otros ilustres
antiguos amantes tuyos
de gómez de la serna
a díaz-cañabate
paseando de la mano con césar llera
y chupando sus chupachups por el madrid de los austrias

Humillado ante la taberna de antonio sánchez
admito
que salí con unos pocos talentos en los bolsillos
y a ti vuelvo arrodillado, ahora
a pedirte otros pocos más