Nuevas Visiones

Bueno, digámoslo así.

Quisiera recuperar una buena-vieja tradición de esta casa. Os presento, con más satisfacción que orgullo, una serie de nuevas (y viejas) fotografías, que muy pronto se unirán a otras tantas (nuevas y viejas), que espero que os gusten.

Como la tapilla que se sirve con la caña y el vino.
Como el refugio después del camino duro.
Como echar un ojo a través de la cerradura.
Como nuevas visiones para los nuevos mundos.

Estos días (Nuevas Visiones)

Mis días, mi vida, son una línea recta mal dibujada de derecha a izquierda en una página en blanco.

Suelo tener ideas, algo así como pequeñas iluminaciones, en las primeras horas del día, en el duermevela. Si tengo frío, el vino de la noche anterior me cubre un poco más con la sábana. Pero si quiero que estas ocurrencias no mueran antes de nacer y sobrevivan a mis amaneceres, he de ser yo el que tome nota en éste o alguno de los cuadernillos de la casa. El problema, muchas veces, es encontrar un bolígrafo con el que poder escribir. Lo vacío y lo lleno, lo blanco y lo negro.

Cuando conduzco por las calles, la ciento veinticinco también avanza como una línea recta por una página en blanco. Sin rumbo predeterminado. Quizá por eso, intento llevar siempre unos cuantos minutos de sobra en mis bolsillos. Tiempo suficiente para divagar y serpentear por mis calles de ayer. Tal y como he hecho estos últimos años. Al doblar por una esquina o atravesar una plaza, rara vez cambia el paisaje de las fachadas. Sí lo hacen los personajes y las ideas que flotan como fantasmas por los rincones, de un lado a otro.

La lluvia golpea las aceras y la niebla va engullendo los edificios. Nosotros, pretendemos caminar por la calle como eslabones perdidos de la evolución, anónimos y desconocidos. Escondiéndonos en las noches y en los bares. Ocultos en las calles. Algunos quisieran que las aguas pasaran y desapareciera la oscuridad. Volver a abrazar el sol. Sin embargo, somos abrazados sin piedad por las tinieblas.

En mis días lejanos de pasear por el césped de la Facultad de la Verdad, entre cigarros y minis de cerveza y calimocho, me contaron que las realidades más horribles pueden llegar a ser las más bellas, y que las bellas no necesariamente tienen por qué serlas. Pienso en D. Nebreda. Aquel viejo grimorio con conocimientos arcanos de la vieja biblioteca de la facultad. Los sabios no querían que lo supiéramos. Querían ocultarnos la verdad. La verdad oculta en libros ocultos. Si mi memoria no me falla, y los cigarros y los minis no causaron demasiados estragos, creo que el libro estaba situado al fondo. En uno de los estantes situados a la derecha, bajo la protección de la categoría “AAPP”. Artistas plásticos. Nebreda, lo horrendo y lo sublime, la vida o la muerte, lo bello y la mierda resbalando por la cara.

Pienso en los pequeños polluelos. Criados bajo el ala protectora de Mamá Ganso, bajo el estigma de no ser el heredero. Los primeros años son los de la sobreprotección. Todo el mundo conoce a Mamá Ganso. Y cómo se las gasta con sus pequeños polluelos. Pero terminan aprendiendo a volar solos, acompañados solamente de su sombra y de los amigos que harán a lo largo del viaje. Cuando el polluelo cambia la voz, se vuelve feo y viejo como el resto. Cariñosamente es despreciado por su ascendencia. Entonces aprenden a sobrevivir. Y aprenden mejor que los hermanos mayores. Comportamiento e imitación. Metodología del aprendizaje, piensan algunos. Evolución y experiencia. Esos hermanos mayores que sí fueron criados entre algodones. Que estaban predestinados por suerte divina a alcanzar el Olimpo y la gloria. A rozar con las puntas de los dedos el rostro de dios. Pero lo único que lograron fue acariciar la cara más amarga de la locura. Lo blanco y lo negro, lo nuevo y lo viejo.

Tú dirías que ha sido otra noche. La vuelta de Odiseo a Ítaca. Te encontraste de repente en un cruce de caminos. ¿Y ahora qué?, ¿acaso vamos ahora a pedirle cuentas al rey?, ¿o llamarás a Robert Johnson para que acuda en tu ayuda?

Que la vida va en serio, uno lo empieza a saber cuando uno de sus amigos cumple treinta y dos años. Ahora ya es demasiado tarde y las luces del escenario languidecen. Mañana será otro día, dicen los viejos del lugar. ¿Y mientras tanto?, ¿leer?, ¿vivir?, ¿trabajar?, ¿letras o ciencias?

Lo viejo, y lo de todos los días.

Hablo desde la experiencia que me ha concedido el fracaso. Ese fracaso que me recuerda que según va pasando el tiempo, dejan de interesarte ciertas cosas que en su momento (y lugar) te habrían fascinado. Algunas heridas se cierran y no vuelven a sangrar. De otras, en cambio, sigue brotando. Aunque la carne viva cicatrizara. Eso lo dijo alguien. También dijo alguien (pero otro alguien): hay gente que no puede comprender que uno se calle cuando se ignora la verdad. Podría decirse de muchas maneras. Existen personas que le otorgan dignidad a la experiencia del fracaso. Reconocer los errores y las carencias de uno. Personas a las que no les vale ganar a cualquier precio, haciéndose trampas al solitario. Que saben de la imposibilidad física y matemática de poder aprehenderse todo el conocimiento existente. No pretenden saber absolutamente todo. Tampoco desean aparentar saberlo todo, por mucho que estos sean tiempos de apariencia e imagen. Escribo desde la más absoluta e inocente de las ignorancias, esa que no te engaña. Que no te hace ver cosas, donde los demás solo ven el aire y la nada invisible. Escribo tus ojos verdes sin haber visto jamás tus ojos verdes. Pero alguna vez vi algunos parecidos. Me agarro de tu cintura, cojo tus pechos y los beso. Aun no conociendo su sabor. Ignorancia sana y bendita, si es que la hubiera. Escribo camino por un campo. He caminado por más de uno. Fuera de aquí, en mi otra vida. La de verdad. Pero no he caminado por este por el que, en estos momentos, transito. Los recuerdos y el fracaso (experiencias) me chivan estrofas y me hacen escuchar cantos de cítaras. Me regalan musas para que lo construya todo: caminos, campo, besos y pechos. Todo a mi antojo. Y hacer solamente aquello que me plazca. Me relaja ponerme el capuchón del bolígrafo en la boca cada vez que acabo una frase. Me produce una sensación de placer mordisquearlo pensando en la siguiente. Imaginando ser un personaje de ficción corriendo por alguno de esos multiversos, o planos olvidados. O por una telenovela para mentes adolescentes. O, peor aún, una mala novela. Una con monstruos del terror clásico que dejaron de dar miedo hace ya demasiados libros. Así, el sueño poco a poco se va apoderando de esta mano. Mordisquear el capuchón del bolígrafo es más potente que el mejor de los sedantes jamás creado. Y la siguiente frase tarda cada vez más en nacerse. Hoy (mañana) volverán a sonreírme la Luna y su Estrella. La errante, eterna compañera de viaje. Recordaré a todos aquellos que se fueron y se alejaron de mi órbita, aunque sigan por alguna parte. No son pocos. Hablo desde la experiencia que me concede el fracaso. Miraré a la Luna y su Estrella, y trataré de sonreír. La fortuna y el fracaso. Keep on rockin!

Semillas del mal

¿Cuándo fue que decidiste
apearte de este tren
que a todos nos dirige
hacia el mismo lugar?

¿Por qué elegir
el atajo?
¿elegir
perderse
las increíbles vistas
las canciones, los bailes
la mirada furtiva y callejera
contra el perfecto desconocido
los paseos de invierno
o el miedo de las noches
y el olor del café recién hecho
que pinta las paredes
de eso que decimos
el hogar?

Si todo acabará igual
para todos
¿qué sentido tienen
las malas intenciones?
¿las malas acciones?
¿las malas palabras?

Pero,
(y él se pregunta)

¿Y qué sentido tienen
las buenas?

Seremos piratas

Eran los tres juntos
y ellos eran dos
y él era uno

Jugaron, rieron, borrachos
de juventud, saltaron de rama en rama
ellos asaltaban bergantines
               bajo una bandera negra
               cruzada por dos tibias
               y una lánguida calavera

Mientras uno jugaba solo
como un náufrago en la playa
ellos asaltaron bergantines
y capitanearon juntos, por los siete mares

Ahora, salimos afuera
y el invierno les ha sobrecogido
cansado de juegos y máscaras
se deshace de todas ellas
dejándolas en el suelo
y fueron dos
quienes las recogieron

Les enseñó a jugar
“seremos piratas
de los siete barrios”
y el invierno les sobrecogió
como completos desconocidos
que se cruzan extrañados
miradas cuerpo a cuerpo
en un mismo vagón

Hastía tanto crepúsculo
hastían los bellos atardeceres
y el cabalgar a lomos
de más de mil veranos

Hoy es otro día

Hoy es otro día
otro miércoles
otro jueves

mis huesos tiran de mi piel
hacia el sofá
aplastado por la gravedad
nada bueno bajo sol

hoy es otro día
y un abuelo recoge a su nieto
de la guardería
su mujer prepara lentejas
y huevos fritos en casa

los pensamientos toman el control
de la nave
y me obligan, a detenerme
a escucharme, a no hacer nada
nada nuevo desde la luna

hoy es otro día
y no queda cerveza en casa
mañana será otro
y al día siguiente, otro…

Canada

¿A dónde huir (cuando no quedan islas para naufragar)? Porque lo que parece querer todo el mundo en estos momentos, es conocer el lugar. Por el cómo ya nos preocuparemos. Lo primero es llegar allí. Dicen algunos que el mundo ha comenzado a perder la cabeza. Como si alguna vez la hubiera tenido. Que si esto, que si aquello o lo otro. Los acontecimientos se van sucediendo como una actuación de trapecistas. Y con cada nuevo número, tenemos que frotarnos los ojos con más fuerza. O eso nos dicen que hagamos.

Porque a mí, personalmente, no me interesan demasiado ciertas cosas. No más allá de la mera información como ciudadano del día a día. Opinar, por supuesto, de manera introspectiva. Normalmente, a excepción de una charla informal entre conocidos, o que las ganas por plantear mis opiniones en público (o el alcohol) me obliguen a tener que desfogarme. Trato de no dejarme llevar por ese defecto visceral. Lo de opinar en público, me refiero. Estamos trabajando en ello. Bajo estas reglas de juego, no entiendo otra forma de encarar el partido. Pero es importante reconocer (o más todavía quizá, reconocerse) cuáles son esas reglas bajo las que te ha tocado jugar. No se juega de la misma manera en todos los rincones del mundo.

Y mientras unos deciden pensar que a todos nos bañan los mismos rayos de sol, otros deciden ponerse estupendos. Corren ríos de tinta digital con los diez principales motivos que predijeron el auge de un nuevo príncipe de las tinieblas. Análisis y contraanálisis de movimientos políticos. Política, ah, ese juego. Y mientras, algunos otros, van abandonando el barco lentamente, cada día, cada año. Nos abandonan mientras suena de fondo una interminable marcha fúnebre de violines. Enormes estrellas (algunas también con su lado oscuro) van poco a poco apagándose en nuestro firmamento.

Ahora parece que las cosas suceden mucho más deprisa. Y lo que sucede es que ahora nos enteramos mucho antes. Simplemente, podemos elegir no querer enterarnos. Cerremos esta pestaña del navegador. Apaguemos la tele y la radio. Incluso tiremos (o quememos, si así lo creemos necesario) ese libro. Salgamos ahí fuera, o si no es posible, quedémonos mejor ahí dentro. Recreémonos en nuestros pensamientos. Imaginar. Jugar. Y cuando todo esté listo (o nos hayamos hartado de imaginar), salgamos fuera y respiremos. El mundo nunca dejará de girar, seguirá ahí cuando decidamos volver a meternos en él. Aunque haya personas tratando de decirnos lo contrario.

Que nuestro trabajo, nuestra salud y el de las personas que nos importan sea lo único que guíe nuestros pasos. Algunos, los que nacimos bajo la marca del Cobarde, no podemos hacer las cosas de otra manera, la mayoría de las veces. ¿Lo quieres más negro?

Bacc in Blakk

inquietante y firme
estampa, la del caballero negro
dejando tras de sí tan sólo
un sonido metálico
al caer las puertas
de la entrada de su castillo

la noche volvió a acudir a él
mas logró esquivar su envite

corriendo por bosques de locura
y borrachera, donde las mil almas perdidas
una jungla de concreto
“eh amigo,
amigo,
quieres algo?”
y todas las mujeres
eran pocas a sus ojos
su princesa disney
yacía desde temprana hora
en la noble alcoba del castillo
soñando entre ronquido y ronquido
con eternas tardes de lluvia y otoño
¿a quién rendir la guardia
cuando ya no queden camaradas?
¿adónde acudir
en estas circunstancias
cuando ya no quedan molinos
a los que combatir?

volvió a recorrer el sendero de la derrota
cruzándose e intercambiándose barro y polvo
con los alegres peregrinos que marchaban
dirección contraria
o siempre arriba, o siempre lejos
y en todo momento
desnudándose frente al mundo
y subiendo su desnudez a las redes sociales
o simplemente
el gintonic, su cena, su vida

finalmente, postrando su esparaguas
en la misma puerta de la alcoba
en el torreón
quitóse su armadura negra
limpióse sus botas de materia desconocida
y sentándose finalmente
a reposar la jornada y
contabilizar sus experiencias
mojó en tinta su palo de grabar
y pensó y luego escribió

“y esto no es
cifrado mensaje con
oscuras palabras para ti y para mí
tampoco es un mensaje para ti
ni tampoco es
ni
MU
MIU

sencillamente es
mi manera de contribuir
y de esquivar otros envites
o mi particular manera de vivir
y combatir, por ejemplo
El Efecto Invernadero Y Sus Nubarrones Grises
presentando su gira dos mil dieciséis
(dos pases por noche)”

Vendavales y huracanes

Vendavales y huracanes
se arrancan por soleás
en la ribera de este otoño
que pasa,
que nada,
que nos acaricia
con las puntas de sus dedos
impregnadas
de los polvos de talco de miles de tardes

Y tu sexo es
la lluvia cayendo
sobre la frondosa y olvidada pradera,
la que mis ojos no volvieron a contemplar
desde que está prohibido
volver a ser un niño

Cantos de sirena

En estas horas inciertas
de gargantas gritando por las escaleras
portazos a la hora de la siesta
dolores de cabeza incomprensibles y pesados

Dejas que el caos te rodee
te salpicas de cada una de las
polémicas voces
te zambulles en todas las piscinas
que se te presentan

Primaveras rosadas parecen reflejarse en sus ojos
y tú mientras, embutido en un largo invierno
cuestionas y clamas contra los ancianos dioses
cuál es mi secreto
qué enigma encierran los silencios
dónde pliegan sus alas las viejas golondrinas grises

Y no existen muchos secretos
tan solo los cabos
con los que amarrarse al mástil
mientras se cruzan cantos de sirena

Hay un grito en la noche

Hay un grito en la noche
lagartos que pernoctan a orillas del río
soñando latitudes más cálidas
en completo silencio

Aparece un destello en el sueño del niño
y un agujero negro
se cansa de engullir
y de no generar materia

Existe un filo en el ojo del asesino
que camina a oscuras
por el callejón, aparentemente
a plena luz del día
apretando una empuñadura

Rompe por fin el agua
su prisión de roca en la montaña
cada primavera
llegando al final del verano al mar
anhelando contener el secreto
del veneno en cada una de sus venas

Veo una sombra en el espejo
y soy yo
y yo es el otro
o soy yo
o yo es el otro
y yo les miro
o ellos me miran
o yo no miro
y miran hacia otro lado

Así, me intoxico de sueño etílico
entre gritos,
destellos,
oscuridad,
veneno
y de silencio