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escritos poema

Canción del vagabundo

He sido un vagabundo,
durante siete largos años,
he gastado mi dinero,
en cerveza y ron baratos,
busco un lugar
que me sirva de cama,
si el amor no me mató,
no creo que el ron lo haga,

voy a cualquier bar
y me siento en la barra,
las mujeres no me siguen
y nadie me acompaña,
que dios las bendiga,
ojalá estuvieran en mis brazos,
su aliento es dulce,
como sabe un buen trago,

comeré cuando tenga hambre,
beberé si estoy sediento,
dinero cuando necesite algo,
religión cuando esté muerto,
el mundo entero vale
lo que vale una botella,
si la botella está vacía,
entonces no vale la pena.

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artículo diario

Con pena y con gloria

Aparecido el 15 de septiembre de este mismo año en la columna «The End» del diario adn, escrito por Ángela Becerra.

«No comas con la boca abierta, no pongas los codos sobre la mesa, no hables con la boca llena, no te metas el dedo en la nariz, no grites, no llores, no te enfades, no sufras… no, no, NO. Crecemos cargados de prohibiciones; prohibiciones que de no ser entendidas, y en algunos momentos transgredidas, acaban convirtiéndose en grilletes que no son otra cosa que miedos. La vida misma representa un riesgo y cuanto más deseemos vivirla de verdad, más riesgos tendremos que asumir. De los miles de riesgos que podemos experimentar a lo largo de nuestra existencia, el mayor de todos, sin lugar a dudas, es el de crecer. Pasar de la niñez a la adultez.

Cuando eliges vivir y desarrollarte, estás eligiendo cambiar, experimentar y equivocarte. Momentos de grandes alegrías y, con toda seguridad, momentos de grandes tristezas y frustraciones. La experiencia sólo se coge cuando asumes riesgos. El desarrollo, en cualquier dimensión, implica tanto la tristeza como la alegría. Pretender sólo caminar la senda de la «felicidad» te lleva a no saber asumir una frustración como algo tan lícito y digno como la realización. Si sólo queremos vivir los momentos buenos, podemos perdernos el goce de madurar y ser más plenos y sabios. Porque, digamos lo que digamos, siempre de lo malo se aprende.

Que cuando nos vayamos no digan otros: «Vivió sin pena ni gloria». La vida hay que vivirla embadurnándonos de experiencia: con pena y con gloria.»

abecerra@adn.es

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escritos poema

El vómito

Ha pasado de todo, al final las tortugas se fueron volando por el océano
pacífico, a buscar a Nemo.
Y he tenido que hacerlo.
He saltado sobre los muros de un millón de casas.
He cantado subido a los tejados de cientos de azoteas.
He estado solo, y también acompañado.
He cabalgado largas noches con toda la paciencia del mundo, como cabalgan los muertos en el reino de los muertos.
Con cansancio. Pero sin pena y también sin alegría.
He subido a los camiones de reparto.
Los he vaciado.
He visto camiones de bebidas enteras.
Camiones de productos de limpieza.
Camiones de piezas mecánicas.
Camiones de ordenadores.
Camiones de coches de segunda mano.
Camiones de ropa manufacturada en la tienda de chinos de debajo de tu casa.
Camiones de comida envenenada.
Camiones de coches de tercera mano.
Camiones de coches de miles de manos.
Camiones de camiones.
Camiones vacíos.
Camiones con remolques.
Camiones sin camioneros.
He visto a las diosas del ébano, las de los rubíes, las del oro amarillo de las limas y de los limones.
Me ofrecí en sacrificio varias veces, pero mi alma no es lo bastante pecadora para ellas.
Las he visto danzar bailes prohibitivos. Amamantar a sus hijos.
Las he visto colgadas del brazo de Baco.
Las he visto llorar y las he visto reírse en la cara de otros que quisieron ofrecerse en sacrificio por ellas.
He visto el martillo del hombre aplastando a los insectos y las cucarachas de la ciudad, refugiándose en sus alcantarillas.
He visto sombras en las habitaciones iluminadas.
He visto la luz en medio de la noche.
He visto trenes que van, trenes que vienen, hasta trenes que suben y bajan y trenes que dejaron de ir hacia ningún lado, cansados y muertos.
He visto tantas sonrisas, que me da hasta ganas de llorar.
Y he escuchado tantos lamentos, que no podría evitar echarme a reír, aunque no quisiera.
Me gustaría destruir a todos aquellos que se creen débiles.
Me gustaría aniquilar a los que se creen superiores.
Me gustaría poderte proteger de todos los relámpagos en la Noche del Relámpago y del Huracán, pero no sé si mi orondo cuerpo aguantará.
Me gustaría decirte que no me das ninguna pena.
Me gustaría contigo viajar en moto hasta Rusia, hablando sin parar todo el viaje, parando solamente para comer y hacerlo en la cuneta. Contigo.
Me gustaría no causaros más problemas de los necesarios.
Me gustaría destrozar museos, y fundir coronas.
Pero no puedo, no puedo. No quiero hacer las cosas. No quiero hacer nada. No necesito nada. Nada.
El objeto A se desplazaba en línea horizontal sobre el eje establecido. Con una velocidad de trescientos metros por segundo.
En el preciso instante del universo en el que alguien lo dispuso así, un muro de cemento se interpuso entre el objeto A y las partículas de aire.
El choque fue cósmico.
Se vieron las estrellas desde Júpiter.
Aquella noche hubo fiesta en celebración del nacimiento de una nueva galaxia.
Quiero perderme algún día en los sueños de alguien. Sólo por curiosidad y ver si realmente soñamos en blanco y negro.
Quiero perderme en mi propia inconsciencia, no nadar en la de otros.
Quiero no ser yo. Yo soy el otro.
Quiero ser ese.
Quiero llegar a olvidar, a desandar lo andado. Quiero tomar vacaciones por una milésima de segundo, y que dure una eternidad.
Quiero echarme sobre grandes prados de hierba azul.
Quiero beberme todo el agua del universo.
Quiero beberme todo el universo.
Quiero no ser más veces los animales que no quise ser.
No quiero ser el león cobarde incapaz de dar un zarpazo.
No quiero ser el avestruz, que ocultará su cabeza solo Dios sabe por qué.
No quiero ser el miedo, sobrevolando
como un bombardero una ciudad vencida.
No quiero ser más el caballo, cabalgando a lomos del viento, y colándome en ventanas abiertas.
No quiero ser la muerte, fulminando las vidas con un solo roce de uno de sus dedos.
No quiero ser la avispa que pica para después morir.
No quiero ser tú.
No quiero ser lo que sea que esté ahí parado.

Ten cuidado con todo lo que te rodea, podría matarte.
Aléjate de las vías del tren.
Dios nos odia a todos.
Olvidémonos de quienes somos ahora por unos momentos.
Adultos.
Pensemos en qué nos hubiera gustado ser de pequeños.
Niños.
Empecemos a leer más las cosas escritas en las paredes.
Pintemos el silencio de ruidos y sonidos completamente espontáneos.
Plantemos los árboles del revés, aunque sea sólo para convencernos de que hay cosas que están bien hechas en el mundo.
No quiero subir a las torres altas de esta ciudad.
Las torres de hormigón fueron construidas sólo para albergar cárceles vivas.
Cárceles interactivas.
Cárceles de quita y pon.
De siete de la mañana a siete de la noche.
No quiero ver a los presos.
No quiero darles de comer.
Quiero irme con el joven león que huye de la manada.
Quiero escapar de los depredadores.
Y quiero beberme el universo. Entero.
Quiero hacerme fuerte, arrancarme la larga melena. Dejarme crecer las uñas.
Quiero arrancar a otro de su trono cuando todo lo dicho se cumpla.
Así lo hace el león.
Y cuando tenga mi propio reino. Buscaré mis respuestas a mis propias preguntas.
Esas preguntas que nadie sabe responder.
Esas preguntas que todo el mundo quiere hacer.
Esas preguntas que no tienen solución lógica, aparente o respuesta fácil.
Preguntas invisibles que vagan por el mundo desde su creación.
No malgastemos el tiempo, ya que es lo único de lo que no solemos andar sobrados.
La próxima vez haremos las cosas bien, desde el principio.
Pero.
¿Tenemos apalabrada una segunda vez?
¿Qué tal dentro de diez cinco años?
¿Mejor uno?
¿Seis meses?
¿Qué tal hoy?
¿Por qué no me acompañas al centro de la ciudad?
Te enseñaré las cosas que siempre quisiste ver, haremos lo que siempre te prohibieron hacer.
Bailaremos desnudos.
Nos bañaremos en las fuentes que sueltan cerveza y vino.
No habrá tregua, sin prisioneros.
Les veremos tocar los tambores al amanecer, los tambores de la revolución.
Y que soplen nuevos vientos de una vez.
Que cambie todo.
Que cambie aunque sea sólo un poquito.
Esta tierra tan baldía. Tan gastada.
No hay sitio para nadie más.
No hay muchas cosas más que hacer a parte de lo que he dicho.
No queda tiempo, y de eso no vamos sobrados.
Solamente nos quedan apenas unas cuantas pastillas de minutos y segundos.
Engullámoslas sin masticarlas.
Cojamos la interminable carretera y la suave manta.
Después llegaremos al fin del mundo.
Ahí quizás todo cobre un poco de sentido.
Correremos el riesgo de quedarnos mudos.
Pero nuestros espíritus y las almas de todos los que quedaron atrás hablarán por nosotros.
No podemos perder tiempo diciendo cosas que ya se han dicho tantas veces.
No podemos seguir tropezando cada semana en la misma piedra.
No podemos.

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algo intenso

es intenso
y es corto, como un capítulo de dibujos animados
es intenso
y es dañino, como unas cuatro últimas copas de más
es intenso
y es salvaje, como las bestias que vagan por las calles
es intenso
y está oscuro, como cuando se camina por la noche por el campo
es intenso
y es corto, como un destello en los ojos

es efímero, pero no hay que pensar en ello
es bonito, pero no saldrá barato
es hacer una apuesta muy grande cinco a uno, difícil
es gritar contra las paredes
lanzar piedras al viento
salpicar moscas con el agua del estanque

es algo que no sirve pero
¿a estas alturas de la película
nos vamos a preguntar eso?

es estúpido
como el primer amor de los jóvenes
es solitario

y me parece que voy a dejarlo ahora mismo

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Menos Uno

Jack se sentía incapaz de ensillar a su caballo para salir afuera, donde pastaba el ganado. Se sentía incapacitado hasta para levantarse de la silla, frente al fuego de la chimenea. Prefería mil veces cabalgar durante todo el día bajo el sol sin una gota de agua. Después de todo, ya lo había hecho otras veces, en el pasado. Pero septiembre estaba cerca y con él se aproximaba la feria de ganado. Estaba muy a gusto tirado en la silla que McBranagh le había regalado. En ella sentía que por fin parte del universo le pertenecía, que se había redimido por completo de su lejano pasado. Era ponerse a pensar en las futuras obligaciones que esta nueva vida noble y formal le guardaba y le empezaban a correr por las sienes gotas de sudor y unos temblores estremecían sus desgastadas manos. A veces tenía que hacer verdaderos esfuerzos para convencerse de que aquello era lo que él realmente quería. Él se autoconvencía de que su nueva vida en Edge Farm City realmente merecería la pena a largo plazo.

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algo de bukowski

sí sí

cuando Dios creó el amor no hizo un gran favor a casi nadie
cuando Dios creó a los perros no hizo ningún favor a los perros
cuando Dios creó las plantas no fue gran cosa
cuando Dios creó el odio nos brindó algo muy eficaz
cuando Dios me creó a mí me creó a mí
cuando Dios creó al mono estaba dormido
cuando Dios creó a la jirafa estaba borracho
cuando Dios creó los narcóticos estaba ciego
y cuando creó el suicidio estaba de bajón

cuando te creó tumbada en la cama
sabía lo que se hacía
estaba borracho y estaba ciego
y creó las montañas el mar y el fuego
al mismo tiempo

cometió algún que otro error
pero cuando te creó tumbada en la cama
se corrió encima de todo su Bendito Universo

Charles Bukowski (Arder en el agua y ahogarse en el fuego 1972-1973)

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cuando las calles echan el cierre

De vuelta a la gran ciudad
aquí las aves no vuelan
viajan a ras del suelo
               o incluso por debajo
los tontos no están en la plaza del pueblo haciendo tonterías
al contrario, están en las partes más altas de la ciudad
el trabajador que madruga no posee tierras para labrar
envejece cada día un poco más
a un ritmo mucho más acelerado
dándole, sin quererlo, el fruto de su trabajo a otro
sentado en un sillón, muchos pisos más arriba

aquí los viejos no cuentan historias o experiencias
deliran en sus mecedoras, abandonados del mundo
somos tantos que casi siempre se está solo
mucho ruido, que a veces se convierte en música
muchas veces la moneda de cambio no es el propio dinero
pocas veces una sonrisa encuentra diana

y encima la bebida es (demasiado) cara
pero por las noches en verano es un alivio
sentir que el viento no choca contra tanta gente
que el viento es libre para cabalgar entre las calles
no topa con peatones torpes, lentos y erráticos
el viento te golpea en el pelo, lo mueve y juega con él
esta noche se dormirá bien
los bares van desalojando sus últimos huéspedes
sombras solitarias en formación de a dos que caminan calle arriba
algún coche se desliza acompañado sólo por el ruido sordo de su motor
parejas de desconocidos hacen el amor empapados en sudor en un primero
esta noche se dormirá muy bien
mañana será otra mañana
bien parecida o bien distinta de la de hoy
algunos irán al trabajo
otros seguirán haciendo el amor
algunos apostarán a los caballos
otros se rendirán de desilusión
algunos cargarán con grandes pesos
otros serán detenidos por posesión
algunos bailarán por la noche
otros se reirán en un salón
yo seguiré sentado, con el viento en la cara
escribiendo sin mucha vida
oyendo, eso seguro, una vieja y buena canción

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Uno

Todavía sigo acordándome de ti. Cada día, cada hora, cada segundo de mi vida. A veces el recuerdo baja un poco su intensidad y hay días en los que parece que no fueras mas que una extraña idea de mi imaginación. Pero ya sea la vida, o mi propia cabeza, se encargan de ponerte otra vez en su sitio. Con lo especial que fuiste para mi, no sé si algún día podré borrarte completamente de mi cabeza. Pensándolo bien, ¿quién puede asegurar a ciencia cierta que se pueda llegar a borrar para siempre un recuerdo? Yo creo que nadie. Sobre todo si la huella que dejó esa persona fue tan profunda como la que dejaste en mí.

Salí a pasear con Ana y Sergio esta mañana, fuimos al lago, donde siempre me llevabas a pasear cuando era pequeño. Ana todavía es una cría y la llevó todo el rato en el carrito. Está muy guapa, ha salido a su madre. Sergio la verdad es que se aburre un poco, me llevo una pelota para jugar con él, como hacías tú conmigo, y hay ratos en los que se lo pasa bien. Me gusta verle divirtiéndose. Me recuerda a mí, contigo.

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Cero

Volvió a vomitar. Todo le daba vueltas en la cabeza. Oyó una voz que le resultaba familiar y se reincorporó desde la taza del váter. Todavía tenía babas y bilis corriendo por sus labios. El estómago y la garganta le ardían como si le hubiesen hecho tragar un litro de agua mezclado con whisky y ácido. Ella estaba desnuda, delante de él. Parecía recriminarle algo pero, en el actual estado en que se encontraba, le pareció una injusticia y un poco surrealista.