De aquellos caos, estos cuadernos

Pasan los años, ¿qué fue de aquel joven que jugaba a querer ser distinto a los demás? ¿Que pretendía jugar a ser escritor en algún futuro lejano, solo por haber leído un día un libro de Benedetti? ¿Que leía viejos libros en cuartos de baños en pisos sin puertas, cortinas ni televisión, malviviendo y teniendo que huir del amor para poderlo encontrar de nuevo definitivamente? La gota de agua quedó disuelta en el océano.

En esos días difíciles, jugar a ser todo aquello era sencillo. La falta de un futuro tangible a corto, medio o largo plazo era como un cheque en blanco para poder costearte aquellos sueños locos de borracho. Viajar con Momo, a Fantasía o caminar junto al señor Bloom por las calles del Dublín de principios de siglo eran pasatiempos entretenidos. Aquellos eran días en los que poco o nada había que hacer, aparte de remolonear, dejar pasar el rato, esperar el momento adecuado.

Ya ni recuerdas la cantidad de ideas y anotaciones de diario perdidas entre tanto papel. De aquellos días de caos, que serían seguidos por la larga y oscura noche, sacaste la conclusión: que cierta disciplina y, sobre todo autocontrol, son indispensables para poder conseguir aquellas metas que te ibas proponiendo de manera inconsciente. Aunque el caos siempre estará ahí mirándote con esos ojitos, esperando que le invites a un baile. Se podría decir que, de aquellos caos, estos cuadernos.

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