Archivos mensuales: junio 2017

Sobre los palmeros

“Así es como muere la libertad,
con un estruendoso aplauso”

Comentaba el otro día un amigo las últimas palabras-pifia-mentales de Mariano Rajoy; quien, a día de hoy mientras escribo estas palabras, sigue siendo presidente del Gobierno del Estado Español. Decía, entre otras cosas, que “lo peor son los palmeros”. Y creo que no podría estar más de acuerdo con él. Pero vayamos por partes. En frío, me parece que el hecho más nocivo es pretender ir soltando frases, que te han escrito o has copiado, presuntamente elaboradas e intelectuales para lucirse delante del personal (eso daría para otro intenso debate) y además equivocarte, y no precisamente por primera vez. Aunque bien es verdad que, el hecho de que haya gente dispuesta a aplaudirte por ello, también es de traca. Por seguir con las frases de La Guerra de las Galaxias: “¿quién es más loco, el loco o el loco que sigue al loco?”

Los palmeros, las palmas a partir de ahora, siempre han sido parte fundamental del arte flamenco. Sirven para marcar el ritmo y el compás. Los que tienen algo de soniquete, pueden jugar a hacer contrapunto con el ritmo principal para añadirle algo de color y picante. Podría decirse que es algo fundamental e inseparable del espectáculo flamenco. Habrá habido intentos de flamenco sin palmas, pero eso no es flamenco. Eso son cosas raras que se hacen ahora, como la pizza con piña. Modernidades, que diría uno.

En un congreso, una asamblea, senado o mitin político, con el fervor de las cámaras, los focos y sabiéndose el centro de atención de los telediarios de ese día, las palmas pueden llegar a ejercer una función bastante similar en principio, pero no del todo igual. Enardecer al artista que se está dejando la vena gorda del cuello en contarnos sus penas, sus alegrías o sus soleás, marcarle sus pausas para tomar aire, añadir dramatismo o tapar sus miserias. A diferencia de con la música, hay una carestía total de sentimiento o de sentido artístico. Da igual cómo lo haga el cantaor o si el toque de guitarra es bueno o malo. Esto es otro tipo de espectáculo, otro arte. It’s showtime. Los palmeros sienten la obligación de ofrecer al respetable un espectáculo digno y memorable. Que se nos oiga aplaudir y gritar, en televisión parecerá que mucha gente está de acuerdo con lo que acaba de no-decirse y que es muy importante. “Que se jodan”, “usted no me va a dar a mí lecciones de nada”, “váyase señor González”, otras chulerías y demás lindezas suelen servir para jalear y calentar el ambiente, tratando de hacerse pasar por el summum del pensamiento político y la reflexión ibérica.

Pero, como dijo el poeta, los tiempos siempre están cambiando y surgieron nuevos talentos. Traían nuevos aires. “Flamenco fusión” o “Nuevo flamenco” fue el término con el que se denominó esa mezcolanza de sonidos acuñados a finales de los ochenta y principios de los noventa por grupos como Ketama y artistas como Sorderita, Ray Heredia o músicos de reconocimiento internacional de la talla de Jorge Pardo. Todos ellos, por cierto, llevaron coleta alguna vez. Y pareció que la revolución estaba a un par de estribillos de distancia, durante algún tiempo. En concreto, durante aquellos primeros días del desconcierto del 15M, en los que en la Puerta del Sol -disculpen mi ignorancia respecto a otros sitios de la geografía española- se podía ver a gente debatiendo con otra gente y sosteniendo latas de cerveza, tanto con la mano izquierda como con la derecha. Pero el 15M se fue con la primavera y los chorros de agua de los servicios de limpieza, y todo acabó siendo una vuelta más a los sonidos y los cánones establecidos de siempre. “¿Y a dónde vamos ahora?” se preguntaron algunos. “A rodear el congreso”, contestaron otros. El resto de la historia nos es conocida: Venezuela, coca-colas por aquí, escándalos de financiación con orígenes de dudosa procedencia por allá, viviendas de protección oficial, casta, palabrería barata, novias y novios, postureo, ruido. Palmeros.

Había algunas buenas canciones en aquel álbum fallido, pero fueron ahogadas entre griterío, las chanzas, los músicos de estudio de medio pelo que quisieron imponer sus falsetas de guitarra y algunas palmas. Y como no, las radio-fórmulas terminaron de cargarse el asunto. Lo que, en términos musicales, se conoce como “sobreproducción”. Y sí, lo de las radio-fórmulas era un ataque gratuito a los medios. Sobran palmas y palabras, faltan hechos y soluciones de verdad. Y los nuevos cachorros mientras, ocupándose en ajustarle el micro a los viejos cantaores para que se les escuche más alto y poder aplaudirles.

Pero, como acaba de decir el periodista Miguel Ángel Aguilar por televisión, “lo triste no es que los insultos, navajazos e improperios se reciban con aplausos, sino que a la inteligencia y las buenas palabras se las recibe con silencio”.

O quizás fuera otra persona.

Qué más da. Una buena frase para terminar siempre queda bien.