Archivos mensuales: junio 2016

Politikós

Un par de ideas posiblemente equiparables, la falta de gusto musical (y en general, artístico) de los futbolistas de hoy en día y la falta de gusto artístico en los anuncios de coches de hoy en día. Un coche blanco, lujoso, con los faros encendidos conduciendo por una carretera circunvalatoria de alguna ciudad, de noche. El vehículo se detiene. La puerta se abre y aparecen unas piernas de mujer. De fondo sonará algo que, de ninguna de las maneras, pueda parecerse a una música o canción (mención aparte cuando se utilizan canciones conocidas y comerciales). Otro anuncio. Un coche blanco, deportivo pero con aspecto robusto, grande, bien equipado. Circula por un túnel escasamente iluminado. Da igual, ahí están los faros de xenón con su luz también blanquecina. Interior del vehículo y rápido vistazo al cuadro de mandos. Pantallas que cada vez más recuerdan al escritorio de cualquier ordenador de sobremesa. Para llevarte la diversión contigo, y algo de tu trabajo también. No sabría decir exactamente por qué, pero es conveniente que aparezcan unos ojos de mujer reflejados en algún sitio, un espejo retrovisor o algo. Y si se pudiera hacer que la mirada sexy femme fatale oliera a algo parecido a channel o algún otro perfume igual de aburrido, mejor.

Lo peor es que este tipo de moda, ese afán de la excelencia, el superlujo, el diseño sobrio y elegante que olvida y destierra para siempre los orígenes humildes, pobres y (claro, por qué no) macarras de unos y otros se va extendiendo como una mancha de meada en un suelo de mármol. Se aprecia en cómo ha cambiado la televisión, los presentadores, los programas, los platós e incluso las respuestas que da la gente por la calle en algunos programas. Todos conocen su papel. Quieren aparentar ser sofisticados, inteligentes, relevantes. Todos creeremos tener algo que decir, aunque seguramente todos acabemos diciendo más o menos lo mismo. O la política y el fútbol. Dos de las peores ideas que se le pudieron ocurrir a la humanidad, se unen y comparten los peores aspectos de sí mismos en busca del cruce definitivo del mal gusto. La mentira, el engaño, el esconderse tras una bandera o algún color para poder dar rienda suelta a nuestros miedos, odios y pasiones interiores. Aparentar. Yo soy de X. Yo he votado a Y. Qué hijoputa es Z. El fútbol (qué sé yo), podría ser disfrutar con un buen juego, una disposición táctica inteligente y quedarse con la boca abierta ante una genialidad. Lo malo es que los hooligans de la política sí afectan a nuestro día a día. Qué se podría decir de la política. Algo bueno habrá, pero lo ignoro. Siempre es más placentero cerrar los ojos y caminar sobre el alambre, o creer que se vuela por encima de nuestros rincones favoritos, viéndolo todo a vista de pájaro. O tirarse de cabeza al mar y esperar a ver quién te atrapa primero, si el capitán Ahab o la ballena gordota. Mucho menos doloroso y sano para la salud mental que, por ejemplo, tener que defender actitudes indefendibles, o a desgraciados cabezas locas que ensombrecen y mancillan día sí, día también, aquellas siglas y colores por los que crees que deberías morir. No sé, piénsalo.

Y de repente

Una vez, soñaba
que una mano gris y moribunda
te tocaba
y de repente,
una sacudida me golpeaba en mi conciencia
y tu carne se volvía oscura
como una fotografía
que empieza a arder
echada al fuego

Y de repente, desperté
y la oscuridad,
había echado raíces
allá donde mis ojos
dirigieran su mirada

Y de repente, volví la mirada
en el sueño
y ya aparecías tan lejos de mí
que mi mano no volvería a tocarte,
lo sabía

entonces, el sueño acabó

No era más que la alergia
que asfixiaba unas gastadas
vias respiratorias

En la oscuridad de la noche
poco antes de que empezara la madrugada
desperté
y de repente, dije
“más vino,
por favor”

Esta vieja

Ah, esta vieja ciudad
no nos ha abandonado
seguía aquí, con nosotros
y conmigo, esperándome

Desde las largas avenidas oscuras e infinitas
de ciudad universitaria
hasta la esquina de fuencarral con sagasta,
los venerables callejones de duque de liria
y los paseos pirinéicos a la verita de la dehesa

Ha estado ahí todos estos (tantos) años
guardando el caldo en las botellas
de las tascas secretas de los templos de los gatos
zambulléndose en las sucias aguas del manzanares

Ah, nuestra vieja ciudad
(mi vieja ciudad)

Cómo es atravesarte como una flecha tu corazón,
como correr y correr sin motivo aparante
sin razón
por una gran pendiente verde, cuesta abajo

Tus brazos acariciándome el pelo
y yo queriendo llegar más, más, más
y más adentro

Ah, me alegra saber de ti
después de tantos años
y saber que nunca nos olvidamos
y nos debemos esa lata de cerveza a medias
por bravo murillo o en el backstage
entre goiri y topete
¿a ti qué tal te fue? ¿conociste a muchas gentes?
seguro que aunque te besaran
nunca consiguieron descifrar tus secretos
(nadie lo consigue)
igual que no se puede comprender
por qué resulta tan especial
mirar hacia dentro de ti,
y no hacia fuera
desde el viaducto de bailén

Ah, cómo anda esta ciudad vieja
unos vinieron
otros se quedaron
y algunos se largaron
buscando la estrella errante
las almas de don quijote
el espíritu del eterno vagabundo
olvidando tus recuerdos
y tus manos jamás volvieron a tocar sus rostros

Que tampoco fui siempre un santo
uno lo empieza a comprender más tarde
cuando me miras desde los ojos del verano
me ahogas con los vapores del alcohol de absenta y whisky
sentados en alguna terraza pija de por ahí
y no puedo aguantarme más y,
rendido
confieso

Dormí en las camas de otras
y caminé de la mano de otras
¡fueron todas como tú y a la vez todas tan distintas!
tú, siempre revoloteando en mi cabeza
sí, es cierto
me abracé a otros aromas
dormí con aquellos otros vinos dulces
y guardaré para mí y mis secuaces
las noches acurrucado bajo una toalla
ardiendo de frío
a las orillas del mar, lejos de ti

Ah, pero entiéndeme tú
que siempre fuiste tan sabia
y no por vieja, ni canalla
que también
pude encontrar la Palabra
y seguir las migajas de la Verdad
en la pluma de aquellos otros ilustres
antiguos amantes tuyos
de gómez de la serna
a díaz-cañabate
paseando de la mano con césar llera
y chupando sus chupachups por el madrid de los austrias

Humillado ante la taberna de antonio sánchez
admito
que salí con unos pocos talentos en los bolsillos
y a ti vuelvo arrodillado, ahora
a pedirte otros pocos más