Contrato basura

Escribí anoche en algún cuaderno oscuro que soy yo el que hace compañía a la locura soledad. No sé por qué me ha salido esa otra palabra. A mí es a quien acude cuando ella se siente sola. Me obliga a sentarme con ella y escuchar sus tonterías durante toda la noche. A mí sinceramente poco me importa que se sienta despechada o abandonada. Yo solamente soy llamado a su vera. Y aún a veces me pregunto por qué.

Yo tengo que apaciguar sus anhelos de compañía. Y no elegí este trabajo, pero qué le voy a hacer. He estado tanto tiempo solo, hablando conmigo mismo que, por lo visto, no hay nadie más adecuado para realizar esta tarea. Y cuando la señorita (¿o señora?) soledad se cansa, se harta y rompe los espejos de su habitación, entonces soy yo el que tiene que consolarla, lo juro.

Ya digo que yo no quise hacer méritos para este puesto, pero en fin. Reconozco que a veces ayuda, en tu día a día, ver que hay gente a tu alrededor que se encuentra en una situación parecida a ti. No hablo de ver la desgracia en ojos ajenos. Solamente quiero decir con esto que ella ha pasado por lo mismo que todos nosotros alguna vez. Y qué le hago yo. Pues ya está. No toca otra más que aguantar y escuchar. Otra noche más. A mí es a quien llama la soledad cuando quiere compañía.

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