Archivos mensuales: Junio 2014

El problema es que la música termina tan temprano

Jim lo escribió con sangre
hay que apagar las luces
cuando la música termine

el problema es que me arrastro por las calles de la ciudad
a eso de la una-una y media de la madrugada y veo
toda esta corriente de energía eléctrica mal llamada juventud
como la estatua de mármol de una diosa griega, inmóvil
hundiéndose en la arena de la playa al amanecer

la celebración no dura lo suficiente para que prenda todo el combustible
y las energías se derrochan en juegos sucios de callejón
y en alcohol barato de la esquina
pero, tranquilo
la poesía sirve para hacer titulares de deportes
o para premios donde se premie al más premiado
o para hablar de hojas tristes que caen por mi ventana en una tarde de otoño
o para leer algo y cagarnos en los pantalones de lo sensibles que somos
eso sí

el problema es que la música termina tan temprano
que si Jim lo escuchara, si Jim viera en qué se ha convertido su ejército
volvería a recostarse en su finca de Père Lachaise pensando
en cómo se lo montaría
para poder hacerlo mejor la próxima vez
Kurt cargaría la escopeta de nuevo
y yo a por mi six pack
en esta noche de cerveza, calor y tranquila soledad

Como se supone que debe sonar

Así es como se supone que debe sonar la tormenta cuando no hay nadie en más de veinte kilómetros a la redonda para escucharlo.
Tan sólo los golpes y pies arrastrándose del estúpido vecino del piso de arriba pueden echar a perder este momento.
Con los gritos del primer trueno, me levanto del sofá y camino hasta la cocina. Me acerco a la ventana y no me sorprende ver el patio del colegio vacío, formándose los primeros charcos de agua.

El cielo es una enorme tapa de plástico gris que cubre todas las casas del barrio, ya amenazaba hace quince minutos a los pocos valientes que paseaban por la acera lo que iba a ocurrir.

Cuando la lluvia empieza a romper más fuerte y comienzan a mojarme unas pocas gotas el pecho descubierto, cierro la ventana.
De nuevo en el salón, tumbado en el sofá, le bajo el volumen al televisor hasta dejarlo mudo y solamente escucho el murmullo de las conversaciones de los inquilinos, el creciente enfado de la tormenta y de la lluvia, el rasgueo de este bolígrafo PILOT sobre la hoja del cuadernillo y el tintineo de unas gotas cayendo en alguna parte del piso.