Archivos mensuales: diciembre 2013

El elefante rosa no aparece hasta el final

Vomité esta mañana. Lo primero que pensé cuando supe que iba a acabar vomitando en una palangana en el cuarto de baño, fue que me había llegado la hora. En situaciones muy cotidianas, suelo ser así de alarmista. Unos minutos después, cuando comprendí que lo que le estaba pasando a mi cuerpo eran unas simples náuseas pensé que lo que me ocurría no era muy diferente a lo que le ocurren a las hojas de los árboles al terminar el verano.

Todo comenzó mientras dormía. Mientras soñaba que estaba por ahí con mi chica y los amigos haciendo esto o aquello empecé a sentirme raro. Me dolía la tripa, como si tuviera ganas de ir al baño. Pero también me sentía un poco mareado. En el mismo sueño le pregunté a Eli si creía que un aquarius -de naranja- le haría algún bien a mi estómago. Me pareció raro porque a mí no me suele gustar el aquarius de naranja. Y lo siguiente que ocurrió es que desperté en la habitación. Hacía un frío de mil demonios, lo que me recordó que ya va siendo hora de encender la calefacción. Y sentí el mismo mareo que en el sueño. Me dolía la tripa.

Pasaron unos diez o veinte minutos en los que se me pasaron por la cabeza esas cosas feas de antes. Finalmente, cuando vi que sí, que realmente iba a vomitar, me levanté y me tambaleé hasta el cuarto de baño. ¿Dónde estaba la palangana verde? La habíamos usado la noche anterior para recoger la ropa de la colada. Estaría en la cocina. Fui golpeando con las paredes, medio dormido, medio muerto de frío. Llegué hasta la cocina, cogí la palangana y regresé al cuarto de baño. Ahí acabó mi cena-desayuno de hacía unas horas. Se me vino a la cabeza la imagen de un elefante rosa aplastando una avispa y clavándose su aguijón en el culo.