Archivos mensuales: Noviembre 2013

Tiempos modernos

El mundo había cambiado durante la noche. Acababa de leer una entrevista al editor de Anagrama. Comentaba algunos aspectos de su negocio. Lleva más de cuarenta años en él. Algo debía saber. En resumen: la gente ya no quiere leer tanto como antes. En cierto modo, es razonable. La nueva forma de vida, las nuevas tecnologías y los tiempos modernos. Internet, televisión, videojuegos, pornografía al alcance de un par de clicks. Pero no dejaba de resultar incómodo y, desde mi propio punto de vista moral, muy injusto. Las subidas en el alquiler de los locales de las viejas librerías o el factor del cambio generacional son otras de las causas a las que apuntaba el editor en su discurso.

Y tampoco pasaba desapercibido cómo parecía relacionarse todo. Como si se trataran de fotografías de delincuentes y mafiosos pinchadas en el tablón de corcho de un despacho policial, todo guarda algo de relación. Y todas las piezas cuentan. Los alquileres suben porque hay gente que quiere ganar más de dinero. Y esto puede deberse a dos razones bien distintas, resumiendo bastante el cuadro: o la gente necesita más dinero o la gente quiere más dinero. Lo que sí parece fuera de toda duda es que, si la gente ha ido necesitando a medida que pasaba el siglo pasado más dinero, es porque otra gente ha querido ganar más dinero.

Quizás todas estas piezas de ajedrez van siendo distribuidas por el tablero con un único propósito. Quién sabe. Un genio del mal sentado en su trono, subiendo el alquiler a los honrados y buenos libreros mientras acaricia su gato. Uno, que suele ser más bien de naturaleza ingenua y bonachona, tiende a pensar que no puede haber gente tan lista. Que seguramente las cosas sigan su curso natural de una manera inocente y sencilla. La gente gasta menos dinero en libros y más en otras cuestiones, alimentación y vestimenta básica a parte, porque ahora simplemente hay menos interés en los libros que en un viaje a Tailandia, o en un reproductor de música, o en un concierto de los Rolling Stones.

De esta manera, la bola de nieve va creciendo. Y en casi todos los aspectos de nuestra vida cotidiana parece observarse el mismo patrón. Hay músicos, escritores o artistas más ricos que otros, y que siguen enriqueciéndose cada día más, mientras otros tantos van perdiendo poco a poco su parte del pastel. Igualmente, hay gente que ha ganado en cinco años lo que otros, que han recorrido el camino contrario, han ido perdiendo. Y la distancia entre ambos puntos irá en aumento.

Pero no creo que lo fácil sea sentenciar: los ricos son más ricos, los pobres más pobres. Todos conocemos gente que no es necesariamente ni rica ni pobre y que se encuentra en alguno de los dos grupos mencionados anteriormente. No eres A del todo, porque siempre habrá alguien más “A” que tú, pero tampoco eres B. Desgraciadamente existirá siempre una constante: aquellos que pretenden ejercer su propia libertad a costa de la de otros. La eterna batalla. Excepción a esa vieja regla que nos indica que no todo es blanco ni tampoco negro.

El mundo había cambiado durante la noche, otras en cambio, cambiaban muy poco. Ya veríamos cómo amanecía mañana, después de la nieve. Yo, de momento, me daba con un canto en los dientes con poder darle un trago a mi vaso en aquella noche tan fría. Tenso, esperando. Preparados para lo que viniera.

Sentir entre las sábanas

Sentir entre las sábanas
ese pulso imperfecto de tu corazón
el ritmo de tu respiración
y los sonidos lejanos de la noche

notar tu calor a través de la ropa
tu cálido sueño meciéndote
en el onírico barquito de la cáscara de nuez
tu boca es el abismo de los misterios

así, sentir entre las sábanas
el pulso imperfecto de tus músculos
mientras imagino colores y otros mundos
mientras me pregunto: qué te trajo hasta a mí