Carla (fotografía)

Carla no se encontraba bien,
había perdido su luz,
no terminaba de encontrar su camino.

Me lo dijo hará un mes
cuando volví a encontrarme con ella
por cuestiones de trabajo.

La historia no tiene demasiada complicación
sobre el papel.
El trabajo. El novio. El piso. La familia. La vida.

“Javier -me dijo-, no sé qué hacer
ahora con mi vida.”
Su etapa profesional de modelo terminaba.

Me limitaba a contemplarla
envuelta en la luz caliente de los focos
mientras le disparaba.

A decir verdad, poco quedaba ya
de la persona que conocí
cuando la conocí.

“La vida como modelo no suele ser larga,
he tenido la suerte de llegar hasta aquí.”
Y era cierto. Había sido afortunada.

Pero cuando los problemas se asoman
y el mundo parece estar a punto de acabarse
nada parece tener sentido.

Y yo, que comenzaba a estar cansado
de tanto dogmatismo, de subidas y bajadas
sentí lástima por la mirada gris y vacía de Carla.

En otra época yo fui igual,
la misma persona, a como era Carla ahora.
“No te preocupes, todo se arreglará”, me decían.

Pero las cosas no se arreglaron,
no por sí solas, menos aún por ellos.
Apagué mi luz. Me busqué una bombilla.

Encontrar ese camino.
Todo el mundo tiene uno,
una misión o un papel que interpretar durante su vida.

Todo el mundo sirve para algo.
Y no entendemos al que se equivoca
durante demasiado tiempo.

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