Hallarse en mitad

“Hallarse en mitad de la noche
al escapar de las dedos fríos de la pesadilla,
con la inmensidad de un océano completamente seco,
sin nada más que una hueca existencia

kilómetros y kilómetros de absurdo vacío
caótico, muerta naturaleza, respirar un aire asfixiante que en lugar de oxigenar
ahoga, y sentir el inamovible paso de los años
caminando en derredor tuya, a golpe de minutos y segundos”.

Esto es así,

He aquí, la única verdad aprendida jamás
tus manos no mienten, mis ojos tampoco.
Su ausencia me enfrenta a una oscuridad
familiar, a la nieve que derrite con el calor,
a ese océano desértico donde no existe ningún sonido
ni tampoco color alguno, no vida, no palabras.

Los cortes y desgarros del espíritu provienen de afuera
de aquello que escapa a nuestro control
una sombra que sobrevuela nuestras cabezas
y con incognoscible voluntad, se posa caprichosamente en ellas.

Ah, no saber nunca si mañana seguirá siendo siempre mañana.
Otra vez caminando entre las calles al amparo de esta sombra.
Un árbol que nació y murió sin llegar nunca a florecer,
unas luces que se encienden y se apagan, sin saber por qué.

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