diario, 16 noviembre

Y yo, mientras tanto, aquí encerrado. Con mis cosas, como siempre. Tengo a mi lado la pantalla que me muestra las cámaras de seguridad. Un solo vistazo hacia ella, y me siento como un villano, el mundo entero está bajo mi control. Tengo mi radio, ahí está el Cifu sentando cátedra, como si cuarenta años no fueran nada. Mi café. Mis rosquillas. Tengo a mi peor enemigo dentro y a mi peor enemiga justo enfrente mía. No hago más que tragarme toda la porquería que echa la televisión. Me secuestra. Secuestra mi tiempo. Quisiera poder acabar con ella. Tengo mis libros. Antes leía poco. Ahora demasiado poco. Tengo aquí afuera un tipo dentro de su coche. Se detuvo hace un rato y permanece ahí, dentro, sentado y con las luces encendidas.
Y mientras ese hombre hace lo que sea que esté haciendo, y otros tantos hacen otras tantas cosas, yo estoy aquí encerrado. Viendo pasar las horas. Hablando con las moscas y los mosquitos. Otras personas que conocí estarán por ahí y por allá, con sus vidas. También tendrán sus cosas. Sus parejas, sus carreras, sus éxitos y sus fracasos. Aunque no me los imagino con sus pantallas, sus radios o sus cafés, seguramente también tengan de eso.
Hace pocos años, pensaba en que la gente no podía pensar en los fracasos de los demás como éxitos propios. Que esas eran personalidades de películas de buenos y malos, y que no tenían cabida en el mundo real, en el mundo de lo gris. Pero últimamente se viven tiempos extraños, y como ya no sé qué pensar exactamente, procuro evitarlo. Parece como si en algunos momentos, el pasado y el futuro se dieran la mano y viejas almas del mundo se pasearan entre la gente normal de ahora, haciendo de las suyas con sus cosas. Hace un poco más de esos pocos años, solía creer que, cuanto más éxitos lograba un hombre, más se acercaba a su fracaso. Engañoso. Enrevesado. Pero solía ser así durante aquella época. La idea se balancea por mis neuronas como un chimpancé por las lianas.
Apartémonos del camino del éxito. También puede ser engañoso. El fracaso es algo real. Escondámonos. Huyamos. ¿Qué está pasando aquí? ¿Qué hace ese hombre ahí fuera, dentro de su coche arrancado y con las luces encendidas? ¿Dónde estarán los buenos y dónde los malos?

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