la noche siguiente del comienzo del fin del mundo

Aquella noche parecía que el cielo estaba finalmente a punto de caernos sobre nuestras cabezas. Un cielo negro armado de una lluvia oscura, invisible y que empapaba todo de una sensación de pérdida de control total. Todo parecía a punto de estallar. Marchas en las calles, disturbios, detenciones y controles ilegales. Problemas a lo largo y ancho de todo el país.

La noche siguiente del comienzo del fin del mundo, mientras iba en el coche, de camino al trabajo, vi el cadáver de un perro atropellado, tirado en el carril contrario. No me causó gran impresión, en principio, fue una visión rápida y fugaz. Mucha gente ve perros muertos todos los días y no tienen que escribir acerca de ello. Había un rastro de sangre en el asfalto, donde el animal había sido golpeado y arrastrado. El siguiente coche con el que me crucé trató de esquivarlo y me fijé en que las luces rojas del freno se iluminaron.

Parado en un semáforo, me fijé en que había una chica en un Golf a mi izquierda mirando al coche que se encontraba a mi derecha, un coche macarra naranja. Los había visto cruzarse momentos antes de llegar al semáforo con la luz (también roja) encendida. La ventanilla del conductor del coche anaranjado se bajó y un rostro completamente desencajado por una ira desatada asomó por ella gritando: “¡Hijo de puta! ¡Hijo de puta!”. La chica dejó de mirar en esa dirección y aferró con fuerza el volante, igual que algunas mujeres agarraban fuertemente palos o piedras, o lo que tuvieran a mano, cuando eran amenazadas en la prehistoria. El coche anaranjado hizo rueda cuando el semáforo se puso en verde y salió disparado hacia la noche y se perdió con ella y nunca más volví a saber de él.

Finalmente, cuando estaba llegando a mi trabajo, en una de las salidas de la autopista me pareció adivinar un animalillo muerto en mitad del carril. Esta vez no vi sangre. Parecía un mamífero pequeño, como un roedor o puede que un gato.

Hacía frío, pero la tormenta de la noche anterior ya había terminado y parece ser que aquella noche no iba a llover nada sobre nadie.

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