Sobre la publicidad – Los sueños

Suele ocurrir, muchas más veces de las que uno desearía, que al despertar de un sueño profundo, nos invade una sensación de vacío, de anhelo y nostalgia por todo aquello que nos rodeaba mientras estábamos vagando por esos lugares oníricos que, por otro lado, no son más que representaciones de ideas simples y complejas que tenemos vagando por la mente y son puestas en escena por nuestro cerebro.
Se me ocurre que es un campo completamente olvidado por ese gran monstruo de nuestros días que es la publicidad. Las grandes corporaciones deberían hacer más uso de esta facultad tan humana de desear y ansiar todo aquello que se escapa de nuestro alcance más inmediato. Iluso de mí, no conozco nada acerca del mundo de la publicidad, pero estoy seguro de que uno de los pilares básicos en los que piensan esos grandes y tan modernos creativos en sus modernos despachos y reuniones cuando planean un anuncio o una compleja campaña publicitaria es el de la psique. Esto es: bombardearnos con ideas, colores, formas, sonidos e imágenes sugerentes y esperar que luego nuestro cerebro haga su trabajo (su trabajo sucio en la mayoría de los casos).
Pero, ¿por qué no ir un paso más allá? ¿Qué tal la idea de implantar auténtica publicidad en nuestros sueños? Supongamos que un tipo vuelve a su casa, a su piso de soltero. Le gustaría poder compartir su cama y quién sabe si algo más con esa compañera suya de la oficina que parece no prestarle suficiente atención (nunca es suficiente la atención). Después de cenar y darse una ducha se siente terriblemente cansado y decide irse a la cama. Una vez puesto el pijama y metido dentro de las sábanas, este tipo saca de un cajón de la cómoda de al lado de su cama un pequeño artilugio, que podría tener forma de diadema o, mejor aún, de corona, por ejemplo. Se la coloca en la cabeza, ajustándose como una cinta elástica de hacer ejercicio y, acto seguido, cae en los brazo de Morfeo.
Entre todas las imágenes con las que habrá soñado en su siete largas horas de sueño, dos son las que habrán causado una gran impresión a nuestro amigo. Una visión muy sugerente de su compañera en una actitud cariñosa y seductora enfundada (o no) en una sugerente pieza de ropa interior bastante erótica. Suficiente como para calmar sus demonios interiores durante los próximos diez días por lo menos. Y la otra, el anuncio, justo al final de su fase de sueño, en la que aparecía él mismo, junto con su compañera conduciendo un deportivo rojo por una preciosa carretera de playa y unos rótulos bien claros, con una tipografía igual de sugerente o más que la ropa interior de la chica, en el que se nombraba el modelo del vehículo, así como su precio. Ya tenemos un sueño patrocinado por una conocida marca de coches de alta gama. Nuestro amigo se despertará. La chica no estará a su lado, como todas las demás noches. Pero sí lo estará el coche, si así lo desea (previo paso por el banco para solicitar el crédito).
Esto podría aplicarse a cualquier tipo de producto o servicio de los que consumimos normalmente a diario. Bebidas, productos electrónicos, cruceros, implantes médicos… ¡hasta cigarrillos! (porque el mundo de los sueños queda libre de toda ley o norma restrictiva). Las posibilidades son casi infinitas, depende de nuestra capacidad de soñar.

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