Cuidado con esas sirenas acechando

Ahí fuera, caminando una chica va sonriente
con una bicicleta amarilla a su lado
terminando de contarle a su amigo alegre
un vibrante concierto al que asistió
de alguien llamado Red o Morla
salpicado de buen vino italiano
rosato
e camminando va
la ragazza

Atravesando la ciudad por una de sus pequeñas autopistas principales
calle Fuencarral
ahí donde Cela instaló
su poco poblada colmena
y saludaba con una mano al general
mientras con la otra tomaba su vermú
y con la otra escribía sus memorias
al lado de donde ahora se instala
el altar al dios-de-cabello-blanco
Warhola-Baco
cuando comienza el fin
de semana
e con l’altra
saluta le ragazze

Ahí fuera, donde siguen caminando ejércitos
de camisas de cuadros
de miradas de colores
vistiendo unos discursos a medias y
sus secretos galácticos
de futuros que vinieron del pasado
continúan hablando
siguen hablando
de lo dura que es la vida
o de la lujuria del pecado,
de lo caro que fue el máster
y de lo caro que es el caballo

Atget no ha llegado todavía
no tiene nada que hacer aquí
y Chaplin queda eclipsado escuchando
como el trueno golpea en lo alto
de la montaña, en una tienda de manzanas
cantado por el poeta extranjero de pelo rizado
camina de vuelta a su puesto de cartón
cabizbajo, resuelto a no entenderse con nadie
ni con nada
y escucha a las máquinas
y escucha como los lobos
aúllan a media tarde, hambrientos de oro
desde la plaza del dos de mayo

Adornada de flores la chica y su bicicleta llegan
comiéndose una magdalena
hasta Tribunal
el puerto donde desembarcan
cada día
miles o decenas de miles, de chicas
guapas, molto bella, delgadas o gordas
brillan sus pechos e iluminan los callejones
donde murieron las estrellas apagadas
o el gran poeta niño del pop, agazapado en un portal
junto al espíritu santo

Allen Gingsberg, el espíritu errante,
golpea su tamboril una vez más
por estas calles y sonriendo a alguien que sólo él ve
da saltos y se aleja, exhausto, seguido de un rastro de fantasmas
que desembocarán en el Gran Río
en la cara oculta de la ciudad
mientras van extinguiéndose
sonando más alejados,
mezclándose con el mercurio,
los rumores de las sirenas
que acechan entre las rocas
(¡Cuidado!)

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