Sin hoja de ruta

De la misma manera,
que una planta echará su futuro hacia arriba
así eran todos sus futuros.
Los de aquellos treinta y seis muchachos estaban inscritos en aquella pizarra verde,
la señorita Pereda lo dijo. Amén.

En el transcurso de aquel itinerario tan vertical, tan perpendicular al suelo,
se produciría el cambio. Al ensombrecimiento del rostro le seguiría la craterización,
el envellecimiento de parte del cuerpo y
la posterior ida y venida de fluidos y demás líquidos ajenos a la infancia.

Algunos futuros pasan por los manuales de los Números Mágicos,
otros transcurren por el largo y sinuoso camino de Los Árboles de las Ciencias,
(la Medicus, la Alquimia Empresarial Práctica, la construcción de las Nuevas Grandes Maravillas del mundo y El Observatorio de los Fenómenos Atómicos e Increíbles),
al este del camino hacia el futuro se pueden hallar también el Valle de las Letras, La Montaña de las Ruedas Mecánico-Eléctricas y un largo casi interminable etcétera…
Largos futuros prometedores que pueden ser vislumbrados desde la colina de la niñez,
si te pones de puntillas, desde su inicio, hasta casi su final.
A medida que el camino va virando a izquierdas o derechas,
existen unas gafas de sol diferentes para cada ocasión.

Sin embargo,
por razones incomprensibles,
ininvestigables o inanalizables
otros futuros, son trasplantados
y crecen a lo largo y ancho de algún lugar extraño,
donde las gafas de sol y las máscaras
solamente son gafas y máscaras
un lugar desconocido / salvaje
del que poco se sabe

del que nada se sabe.

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