Archivos mensuales: Diciembre 2011

TuCasaEsComala #8 – Luces apagadas (aquellos que se vistieron de)

esta vez con un pelín de retraso (provocado seguramente por el caos de estas fechas que hacen que el señor cartero tenga que echar horas extras con los reyes magos), pero fiel a sus seguidores, ya ha aparecido publicado el número 8 de la revista literaria TuCasaEsComala.

transcribo aqui, como siempre, mi pequeñahumildeimprovisadainvernal colaboración:

Luces apagadas (aquellos que se vistieron de)

El viento ya peina la
–otras veces atestada, hoy vacía–
plaza del pueblo.
Las clases comenzaron
y ha oscurecido.
Con ese tono entre amarillo,
        marrón,
        y negro,
que desprende
siempre,
setiembre.
Hace un mes que los gitanos
pasaron por aquí, a cantarnos
a visitarnos
algunos se quedaron pero, otros,
(todos los demás)
marcharon
vestidos de cuero y diamante
cuando el frío y el viento
se llegaron con su peine de granito
y envejecieron las alamedas
que están en el paseo, arriba en el llano.
Hoy el alma se constipa.
        Duele
ver cómo se encienden luces
donde, antaño, eran las luces
las que nos vestían.

Caleidoscopio

Al final, eran tres gotas de agua que terminaron siendo sólo una. Y qué, pensó. Cada universo actuará según su propia conciencia que le mueve a lo largo y ancho de esta errática galaxia grande. Total, las gotas de lluvia se descuelgan de la propia lluvia per se. Y vuelven a sus hogares, las grutas subterráneas llenas de agua. Pero las estrellas siguen, sin embargo, su curso a través de la interminable bóveda oscura y nunca regresan al lugar que les viera nacer. Viajan mientras el sol aguarda oculto al otro lado de este gran pedazo de arena y barro y agua. El día que las oyéramos quejarse por ello, por su viaje, por su propia actividad per se, sabría que el balance entre el fuego y el agua se está terminando de romper, que los astros estarían abriendo sus tripas y dejando al aire todo su interior, todo magma y todo fuego y ya nada sería igual. Entonces es cuando nosotros, los meteoros, saldríamos escapados de este anormal sistema galáctico.
El día que el hijo gallego pródigo regresó a su casa, con barba blanca, para embaucarnos a todos, los pocos insensatos que quedamos en este mundo, en otra de sus absurdas aventuras, abrí el buzón y recogí una carta. Desgraciadamente, no iba dirigida a mi. Tampoco a ninguno de mis familiares. La dirección estaba escrita a mano, con una caligrafía horrorosa que me hacía pensar en una persona mayor. Me fijé en que el trazo del cinco estaba tan mal hecho, que bien podría haber pretendido ser un tres. Quizás ahí estuviera el problema. Quizás la gente diga A cuando quiere decir B o diga cinco en vez de decir tres. Apesadumbrado por este breve, cotidiano e insulso descubrimiento me introduje en la cápsula elevatoria masticando un pedazo de pan caliente.

Sin hoja de ruta

De la misma manera,
que una planta echará su futuro hacia arriba
así eran todos sus futuros.
Los de aquellos treinta y seis muchachos estaban inscritos en aquella pizarra verde,
la señorita Pereda lo dijo. Amén.

En el transcurso de aquel itinerario tan vertical, tan perpendicular al suelo,
se produciría el cambio. Al ensombrecimiento del rostro le seguiría la craterización,
el envellecimiento de parte del cuerpo y
la posterior ida y venida de fluidos y demás líquidos ajenos a la infancia.

Algunos futuros pasan por los manuales de los Números Mágicos,
otros transcurren por el largo y sinuoso camino de Los Árboles de las Ciencias,
(la Medicus, la Alquimia Empresarial Práctica, la construcción de las Nuevas Grandes Maravillas del mundo y El Observatorio de los Fenómenos Atómicos e Increíbles),
al este del camino hacia el futuro se pueden hallar también el Valle de las Letras, La Montaña de las Ruedas Mecánico-Eléctricas y un largo casi interminable etcétera…
Largos futuros prometedores que pueden ser vislumbrados desde la colina de la niñez,
si te pones de puntillas, desde su inicio, hasta casi su final.
A medida que el camino va virando a izquierdas o derechas,
existen unas gafas de sol diferentes para cada ocasión.

Sin embargo,
por razones incomprensibles,
ininvestigables o inanalizables
otros futuros, son trasplantados
y crecen a lo largo y ancho de algún lugar extraño,
donde las gafas de sol y las máscaras
solamente son gafas y máscaras
un lugar desconocido / salvaje
del que poco se sabe

del que nada se sabe.

Algunos decidieron seguir

Después de aquello,
la cosa estuvo un poco caliente algunos días
la gente desconfiaba
se delataban unos a otros
todo parecía a punto de estallar
aunque, finalmente, no lo hizo

hubo quienes se quedaron sentados en un banco
dando de comer siempre a las aves del parque

y hubo quien siguió apostando a las cartas
jugándose lo que les quedara con un único as en la mano

hubo también aquellas personas que siguieron estando agradecidas
aunque hubo algunas de ellas que empezaron a preguntarse, ¿para qué?

hubo mucha gente que decidió seguir esperando a dios
y otros que, sin pensarlo, siguieron de parte del diablo

había chicas esperando ver llegar a sus chicos, desde su ventana, con un pan debajo
y, a su pesar, siguieron viéndoles venir siempre con un libro, o alguna otra tontería

igualmente, hubo quien quiso creer que llegaría
el momento en que su chico llegaría a casa con un libro debajo del brazo
y, desgraciadamente, siguió viniendo con un pan o mantequilla, hasta el fin de sus días

hubo quienes siguieron quejándose
ajenos a los acontecimientos que el cielo rojo y las nubes negras dictaban

hubo quienes no esperaban nada en especial
y pese a todo, en su mente confiaban en su secreta venganza

hubo quien siguió despierto hasta la madrugada
queriendo ver el amanecer algún día
y quienes nos acostábamos por las noches, sin imaginar
que las estrellas nos rozaban el cuello, mientras dormíamos

hubo aquellos que siguieron en la plaza, resignándose a dispersarse
y quienes, desde sus sofás, apiñados, agradecían lo poco que tenían

hubo alguien que caminaba por la acera mojada, una tarde
mientras el sol le seguía cegando todo el paisaje en la lejanía