Ave cruzando por un paso de cebra

Fíjate bien, porque algunas nubes solamente pasan volando una vez
igual que la ola,
         jamás romperá dos veces de la misma manera contra la playa
un beso,
         jamás será el mismo beso, multiplicado o creado en serie
la primera mirada,
         no se grabará a fuego en nuestra piel por segunda vez
jamás
fíjate en esa paloma gris sucia,
         una más de las miles que habitan la ciudad
         no volverás a ver otra igual
jamás
de la misma manera que
         nunca volveremos a ver la ciudad por primera vez
         y nos recordará, aquellos extraños edificios,
         que construían calles inconexas
         que con el tiempo, se convierten en tu calle, o en mi calle
         como querer atrapar en el aire las sílabas que vuelan de un verso
         que compondrán una estrofa
         en otro poema
         en otra canción
y todo resulta vagamente familiar, no como aquella ciudad de la primera vez
la paloma, pequeño hecho insólito,
         tal vez capricho del juego de la aleatoria naturaleza
espera, mirando a un extremo y al otro de una calle cualquiera
donde el calor de los primeros días de estación seca ha reblandecido el asfalto
y se le pega a sus pequeñas patas, de ave
le cuesta despegarse
y mira de un lado para el otro
para ver si no pasan más coches
o quizás para querer ver siempre las cosas por primera vez
(los animales nunca aprenden, porque
todo es siempre primera vez)
la paloma trata inútilmente de cruzar un paso de cebra
y no se entera de que,
lo que tiene que hacer es echar a volar
y olvidarse de la ciudad, y de las calles

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