Dos velas encendidas

Todavía no había ocurrido, pero supongo que, en cierta manera, era necesario que las cartas se pusieran boca arriba de una vez. Y tras decir esto, apagó la colilla de cigarrillo que mantenía casi flotando entre sus labios.
Sabemos que no se puede, históricamente se ha demostrado varias veces, hacer revolución sin sangre. No puedes enfrentarte a tu jefe, a los de arriba si lo prefieres. Nunca me gustó demasiado como suena eso de “los de arriba”. El caso es que te decía, que no puedes esperar quejarte del servicio y que, de la noche a la mañana cambien las cosas de forma radical. O, al menos, de la manera tan radical como veo por aquí que se pretende hacer.
No lo sé, contestó el otro. A lo mejor nuestras quejas van mal encaminadas. Está claro que El Jefe no va a hacer nada porque, ¿qué gana Él perdiéndolo todo? Pienso que deberíamos centrarnos en aquellos que tenemos sentados al lado nuestro. A los que son iguales que nosotros. Hermanos, hermanas, primos. Nada de padres, madres o tíos. Si tus problemas son que no te gusta la elección actual, el orden de las cosas establecidas, pienso, no te enfades con aquello que ha sido colocado ahí por mucha gente. Yo me enfadaría con los que lo colocaron ahí. Ellos tienen el poder.
Exactamente, dijo mientras le daba otro sorbo a su copa. ¿Sabes qué? Al carajo con todo, yo montaré mi propia revolución. Estoy harto de que un puñado de locos me digan cómo debe exponerse el cuadro, más recto, menos inclinado, en horizontal o en vertical. Todos ellos, amigos, familiares, profesores, jefes, compañeros, funcionarios, policías, jueces, abogados, políticos, sacerdotes, novias, abuelas, médicos, psiquiatras… todos ellos, esta gente teorizando sobre lecciones que en el fondo, no creen o no comparten o sencillamente no ejercen. Que se caen, no por su peso, sino al contrario, por su propia fragilidad. Porque son discursos insostenibles.
Estoy prácticamente de acuerdo contigo pero, de una manera menos radical. En algo habrá que creer. Digo yo que, algún credo habremos de seguir. Habrá que unificarlo todo bajo una sola voz. Sin organización, estaríamos perdidos.
Si tú te sientes dispuesto a ello, adelante. Yo seguiré mi propio camino. El otro día, vagando por allí con ellos, estaba terminando mi cerveza y contemplaba medio embobado los escritos que tenían. Compartía muchas de las cosas y de los sentimientos ahí descritos. Pero otras tantas, no. La otra noche, soñé con un grupo de escolares jugando en el patio de un colegio a la pelota. Soñé que uno de ellos, uno de los que estaba pasándoselo en grande, en mitad del juego se quedaba quieto, completamente quieto. La pelota terminaba rodando hasta sus pies, y él se quedaba mirándola. A continuación, recogía el balón del suelo y se liaba a dar balonazos a sus compañeros. Les rompía la nariz, les partía los labios y las cejas. No sé qué cosas estarían pasando por mi cabeza con todo aquello. Era algo de locos completamente. Yo seguiré mi propio camino, tú sigue el tuyo. Seguramente nos volvamos a cruzar, un poco más adelante y ambos nos habremos divertido y lo habremos llevado bien. Quizá uno sea más rico que el otro. Pero nos encontraremos, que eso, al final, será lo importante.

Un comentario en “Dos velas encendidas

  1. Ayer recorri,,las calles y vi todos esos escritos,,,sabia que habias pasado por alli,,,pero crei que entenderias algo de lo que pasa alli.LlAMAME ALGUN DIA Y NOS DAREMOS UN PASEO POR METRO SOL,,,Y UN CAFÉ

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *