Días de coche

Ahora por favor, dejar que me ponga un poco sentimental.
Pensaba en mi coche, no en ninguno de los muchos que he conducido, hablo de uno que realmente considero como mío. El único hasta el momento (y quién sabe si para siempre). Era un viejo renault del año 94, de color verde. El hecho de pensar que yo tenía apenas nueve años cuando lo fabricaron, me daba para pensar muchas veces. Curiosidades así. Hice algunos viajecitos con ese coche. Por ejemplo, recuerdo una vez que fui con mi chica de entonces al sur, a la playa. Parecíamos una pareja sacada de una de esas películas para adolescentes. Y lo hicimos a bordo de mi flamante coche, sin aire acondicionado. Recorrimos Andalucía en pleno mes de julio. El calor era simplemente asfixiante y el sudor, al cabo de una jornada entera de conducción, era pegajoso, como el aire, y te cubría cada rincón de la piel. Una vez, pasando por Granada, recuerdo haber parado en una de estas estaciones de servicio que tiene un edificio restaurante al lado. Paramos y tomamos algo para refrescarnos. La clientela no estaba allí, simplemente estaba. Al entrar se nos quedaron mirando. Había además unos cuantos marroquíes. Suelen frecuentar estas carreteras en verano, cuando van dirección al Estrecho, para cruzarlo y visitar a sus familias allá en el otro continente. También nos miraban como si viesen dos extraterrestres recién bajados de un platillo volante. Y qué platillo volante.
Tenía dos pegatinas, una de Jack Daniel’s y otra de la famosa margarita tachada con un símbolo de prohibición. Recuerdo que, una mañana, en el campus de la Universidad Complutense, fui a subirme a él y contemplé, decepcionado, que alguien había decidido arrancar esa pegatina. Eso es democracia. A parte de aquello, también me acuerdo perfectamente de la mañana (era mi cumpleaños) en la que me quedé nuevamente sorprendido al llegar y ver que alguien me había robado la radio. Como en los años ochenta. El mangante se preocupó, eso sí, de dejarme el coche cerrado para que nadie más osara entrar en él a realizar otros comportamientos vandálicos. Pero es como dicen, si no tienes un caballo, no hay manera de que te lo quiten, ¿no?

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