Archivos mensuales: mayo 2011

soneto de la nieve, la botella y el diablo

ya comenzó a caer sobre mi cabeza,
la lluvia de ideas de ladrillos
y así en mis noches, cantarán los grillos
¿quién es capaz de asegurar algo
                              con certeza?

¿acaso mañana, volarán copos de nieve
                              en la pradera,
y el sol saldrá entre las montañas?
¿nos enseñarán las estrellas sus enaguas,
y el vino fluirá por nosotros, como savia
                              nueva?

marchaos, oscuridades frías
no me toquen vuestras heladas manos
no traigáis la noche a mis nuevos días

ya rompí en cien pedazos la botella
que anoche le vendí mi alma al diablo
y luego se atragantó con ella

Dos velas encendidas

Todavía no había ocurrido, pero supongo que, en cierta manera, era necesario que las cartas se pusieran boca arriba de una vez. Y tras decir esto, apagó la colilla de cigarrillo que mantenía casi flotando entre sus labios.
Sabemos que no se puede, históricamente se ha demostrado varias veces, hacer revolución sin sangre. No puedes enfrentarte a tu jefe, a los de arriba si lo prefieres. Nunca me gustó demasiado como suena eso de “los de arriba”. El caso es que te decía, que no puedes esperar quejarte del servicio y que, de la noche a la mañana cambien las cosas de forma radical. O, al menos, de la manera tan radical como veo por aquí que se pretende hacer.
No lo sé, contestó el otro. A lo mejor nuestras quejas van mal encaminadas. Está claro que El Jefe no va a hacer nada porque, ¿qué gana Él perdiéndolo todo? Pienso que deberíamos centrarnos en aquellos que tenemos sentados al lado nuestro. A los que son iguales que nosotros. Hermanos, hermanas, primos. Nada de padres, madres o tíos. Si tus problemas son que no te gusta la elección actual, el orden de las cosas establecidas, pienso, no te enfades con aquello que ha sido colocado ahí por mucha gente. Yo me enfadaría con los que lo colocaron ahí. Ellos tienen el poder.
Exactamente, dijo mientras le daba otro sorbo a su copa. ¿Sabes qué? Al carajo con todo, yo montaré mi propia revolución. Estoy harto de que un puñado de locos me digan cómo debe exponerse el cuadro, más recto, menos inclinado, en horizontal o en vertical. Todos ellos, amigos, familiares, profesores, jefes, compañeros, funcionarios, policías, jueces, abogados, políticos, sacerdotes, novias, abuelas, médicos, psiquiatras… todos ellos, esta gente teorizando sobre lecciones que en el fondo, no creen o no comparten o sencillamente no ejercen. Que se caen, no por su peso, sino al contrario, por su propia fragilidad. Porque son discursos insostenibles.
Estoy prácticamente de acuerdo contigo pero, de una manera menos radical. En algo habrá que creer. Digo yo que, algún credo habremos de seguir. Habrá que unificarlo todo bajo una sola voz. Sin organización, estaríamos perdidos.
Si tú te sientes dispuesto a ello, adelante. Yo seguiré mi propio camino. El otro día, vagando por allí con ellos, estaba terminando mi cerveza y contemplaba medio embobado los escritos que tenían. Compartía muchas de las cosas y de los sentimientos ahí descritos. Pero otras tantas, no. La otra noche, soñé con un grupo de escolares jugando en el patio de un colegio a la pelota. Soñé que uno de ellos, uno de los que estaba pasándoselo en grande, en mitad del juego se quedaba quieto, completamente quieto. La pelota terminaba rodando hasta sus pies, y él se quedaba mirándola. A continuación, recogía el balón del suelo y se liaba a dar balonazos a sus compañeros. Les rompía la nariz, les partía los labios y las cejas. No sé qué cosas estarían pasando por mi cabeza con todo aquello. Era algo de locos completamente. Yo seguiré mi propio camino, tú sigue el tuyo. Seguramente nos volvamos a cruzar, un poco más adelante y ambos nos habremos divertido y lo habremos llevado bien. Quizá uno sea más rico que el otro. Pero nos encontraremos, que eso, al final, será lo importante.

Días de coche

Ahora por favor, dejar que me ponga un poco sentimental.
Pensaba en mi coche, no en ninguno de los muchos que he conducido, hablo de uno que realmente considero como mío. El único hasta el momento (y quién sabe si para siempre). Era un viejo renault del año 94, de color verde. El hecho de pensar que yo tenía apenas nueve años cuando lo fabricaron, me daba para pensar muchas veces. Curiosidades así. Hice algunos viajecitos con ese coche. Por ejemplo, recuerdo una vez que fui con mi chica de entonces al sur, a la playa. Parecíamos una pareja sacada de una de esas películas para adolescentes. Y lo hicimos a bordo de mi flamante coche, sin aire acondicionado. Recorrimos Andalucía en pleno mes de julio. El calor era simplemente asfixiante y el sudor, al cabo de una jornada entera de conducción, era pegajoso, como el aire, y te cubría cada rincón de la piel. Una vez, pasando por Granada, recuerdo haber parado en una de estas estaciones de servicio que tiene un edificio restaurante al lado. Paramos y tomamos algo para refrescarnos. La clientela no estaba allí, simplemente estaba. Al entrar se nos quedaron mirando. Había además unos cuantos marroquíes. Suelen frecuentar estas carreteras en verano, cuando van dirección al Estrecho, para cruzarlo y visitar a sus familias allá en el otro continente. También nos miraban como si viesen dos extraterrestres recién bajados de un platillo volante. Y qué platillo volante.
Tenía dos pegatinas, una de Jack Daniel’s y otra de la famosa margarita tachada con un símbolo de prohibición. Recuerdo que, una mañana, en el campus de la Universidad Complutense, fui a subirme a él y contemplé, decepcionado, que alguien había decidido arrancar esa pegatina. Eso es democracia. A parte de aquello, también me acuerdo perfectamente de la mañana (era mi cumpleaños) en la que me quedé nuevamente sorprendido al llegar y ver que alguien me había robado la radio. Como en los años ochenta. El mangante se preocupó, eso sí, de dejarme el coche cerrado para que nadie más osara entrar en él a realizar otros comportamientos vandálicos. Pero es como dicen, si no tienes un caballo, no hay manera de que te lo quiten, ¿no?

La araña, la archiduquesa, el castillo y el violín

Es fácil fijarte en la araña según ésta va trepando por la pared del castillo, lanzando de tirón en tirón chorros de su tela de araña que se impregna en todos los huecos, mientras la observan desde el balcón, arriba, los marqueses, el duque y su señora y la joven archiduquesa a espera de un pretendiente lo bastante bueno para ella. Está triste porque el último, resultó no ser lo que prometía ser, ¿y quién lo es? Yo desde luego, tampoco. Se fugó cuando vino por aquí el circo ambulante del mago Roco, famosísimo mago venido desde las lejanas altas tierras del este, nacido según cuentan en un inhóspito pueblo de Rumanía y en la frontera con Transilvania. Se fugó con él y su troupe y se hizo malabarista, con pepinos y zanahorias lo cual siempre había sido su gran fantasía desde pequeñito. Ahora la archiduquesa llora. Ahora ya no llora. Ahora se ha enfadado y mira con rencor, odio y cierto grado de miedo todo aquello que se asoma delante del resquicio de la puerta de su alcoba y lo mira a través de un espejo de su mesita tocador que coloca entre el hueco de la puerta y el frío suelo de mármol. Y todo le parece oscuro, perverso, necio. Tonto. Por eso se peina su larga cabellera de más de medio metro de longitud en una larga trenza que la recorre la espalda y lleva una bonita peineta con la forma de una mariposa o una golondrina que le regaló un tío suyo cuando ésta era chica. El miedo siempre seguirá allí, pero la peineta también y le salvará de los monstruos de la noche y de lo desconocido. El mago hace su aparición blandiendo la Fría Espada de Hielo y pronuncia un sortilegio mágico para tratar de conseguir que la archiduquesa se enamore locamente de él, pero no lo consigue y solamente logra subir aún más los impuestos. Cuentan que igualmente, un político trató de subir los impuestos y la gente se enamoró ciegamente de él, para siempre. Son pequeñas cosas de la vida. Bastones de hechicero cambiados por error en la tintorería o vete a saber qué. La araña logra alcanzar la mano de uno de los duques, y le muerde y le pica. La niña se ríe, el viejo grita, pero no de dolor, sino de miedo y sorpresa. Jamás pensó que una insignificante araña se atrevería jamás a poner una sola pata encima de Su Real Mano. Menos aún las ocho. La araña es condenada a descender haciendo largo violento puenting abajo desde lo alto de la pared del castillo, en el torreón real hasta la verde, fría y fresca yerba del suelo, a la ribera del río. La archiduquesa lo observa todo, aburrida, sus sueños ya no pertenecen a este absurdo reino de lo Plasta y lo Pelmazo. Lo piensa mientras el cielo es atravesado por cuatro unicornios con los colores de la bandera de la libertad y vuelan desplegando enormes y hermosas alas de plumas negras que contrastan con sus coloridas pecheras. Aquel caballo le recuerda al viejo bibliotecario del pueblo, que no hace más que fumar en pipa y maldecir continuamente su suerte. Odia ser el bibliotecario, pero odiaría ser cualquier otra cosa que no fuera él. Nadie se atreve a entablar conversación. Nadie jamás osa retirar un volumen del edificio. No con él. El unicornio alado (o pegaso cornamentado) es igual que ese viejo. Tenía un sobrino que jugaba con ella cuando eran niños. Luego creo que tocó el violín, y tuvo un accidente y se quedó ciego y tuvo que salir a ganarse la vida, dicen. Hoy en día se le oye por las montañas, ciego, solo, tocando siempre el viejo violín de madera de roble. Buscando un camino y, si puede ser, algo rico y bueno de comer.
Así que, ya sabes, si alguna vez pasas cerca de ese castillo, te animo a que te acerques y les hagas una visita a mis amigos. Son raros, pero originales y divertidos, unos cielos de personas. Menos el bibliotecario. Y si pasas cerca del río, ten cuidado de no pisar ninguna araña. No olvides tu Paraguas Para Lluvias Ácidas Color Melón y sonríe al pajarito a la entrada. Sé feliz y paga tres con cincuenta a la salida si fuera que quieres la foto de recuerdo. Dile a la archiduquesa que, pocas veces, la sigo echando de menos, pero son las normas del juego, ni ella ni yo decidimos que fuese de esta manera.

Errores

Toma un folio
o una hoja de papel
ahora toma un lapicero
o pluma o bolígrafo
cuenta
un / dos / tres
piensa
y escribe
una lista entera de las cosas
que sabes que haces mal

incluye también / cuando no logres recordar más
todas las personalidades que te gustaría ser
pero no eres
o no llegaste a ser
ni remotamente / o aunque casi lo conseguiste
no se pudo

apunta debajo las veces que reconociste tu error
no los que afecten a los demás
un error tuyo / que solamente tú sepas
y a la larga
sabes que se volvió en contra tuya
apunta / y divide entre dos

una vez termines / revisa los primeros puntos
y añade lo que se quedó ahogándose
en el tintero
no tengas prisa / sé generoso / no subestimes
tu capacidad para el tropiezo

cuando lo tengas / doblas el papel
lo guardas en tu chaqueta
guarda también el lapicero
o bolígrafo o la pluma

ahí tienes la mitad de lo que eres
para saber la totalidad
sal a la calle / y si la gente te conoce
pregúntales si saben
de la otra mitad

Espiral

Se traza una línea recta, muy larga
y por debajo otra igual, paralela
puede ser que se haga oblicua y se cruce
o puede que el segmento termine de forma abrupta

pero la vida no puede ser solamente una línea
pero, en la corta vida de un universo
un mar no es un mar
un beso es un beso
un ave no es un ave
y una vida puede ser tantas cosas
y no serlo

hay afuera un mar de juncos y helechos
de curvas de carretera vigiladas por montañas
y nubes oscuras casi negras de algodón

ríos de palabras que inundan las ciudades
bosques llenos de batallas de lenguas enfrentadas
donde siempre quedará vida más allá de las guadañas

hay grandes estepas, donde las líneas se cruzan
y camas y habitaciones donde se cortan
se tornan curvas, intermitentes, semirrectas o segmentos

y ¿qué es el aburrimiento?
la vida hecha espiral
que gira y gira y te envuelve
cada vez más adentro

Aquellos que ya no sueñan

Aquellos, que ya solo caminan entre el día o la noche
que cambiaron las monedas de sus bolsillos
por sentirse como un fuego ardiendo al sol
saltándose el guión, por sentirlo unos instantes

todos los que quieren nadar junto a sirenas
y se ahogan en las costas del amanecer
que se ríen al escuchar el aliento de la muerte
que se burlan al ver las golondrinas volar, tan pequeñas
tan lentas

los que no volvieron jamás su vista para ver la ciudad
distante, llena de plata en su mirada, de granos de arena
los que no sintieron hambre jamás, ni sed ni frío ni sintieron
el terrible sueño que cansa y pudre poco a poco, pero rápido

a aquellos que ya no sueñan, solo duermen
día tras noche y semana tras mes
aquellos cuya conciencia fue arrancada de cuajo
al nacer, que ya no sienten, pero si padecen

aquellos que ya no sueñan, y se burlan de los demás
que siempre estarán de acuerdo consigo mismos
que nunca dudan ante nada, pero sienten miedo a lo desconocido

El Libro Pirata – Poesía 2009

 

Primero la buena y la mala noticia. La buena es que cuesta tan solo 8,45€ si lo vas a recoger a las puertas de la imprenta, en Estados Unidos (creo). La mala, que los gastos de envío a España son otros tantos euros. Aún así, el total no debería ser más de 15€. Lo envían por FedEx (puedes seguir el pedido por internet) a la puerta de tu casa y, en menos de dos semanas (si no hay contratiempos, es lo que me ha tardado a mí), lo tienes entre tus manos.
Si queréis incluso, podéis echarle una ojeada a algunas páginas del libro y ver su ficha haciendo click en el siguiente enlace
Ahora, dicho esto:
Esta nueva versión de “El Libro Pirata” (ver entrada anterior relacionada) contiene todo el poemario compuesto a lo largo y ancho del año 2009. La mayor parte del libro, por no decir su totalidad, es inédito por estos lares.
Son unas 155 páginas, sin contar hojas en blanco, índices, página arriba, página abajo. Papel de calidad, tapas blandas, numeración en cada página y un índice muy útil al final, así como una breve nota del autor (yo mismo). Estas serían las grandes diferencias respecto a la versión del verano anterior. Y que aquella versión no se puede conseguir de ninguna manera y esta (de momento) sí.