El caso de la curiosa familia-mamut

En un mundo en el que los mamuts todavía caminasen entre nosotros. En el que llevaran trajes de seda y algodón o simplemente de cuadros, o grises. En el que tuvieran trabajos, como barrenderos, panaderos, programadores de ordenadores y cosas así. En el que tuvieran también, familias como la tuya o la mía, con su amplia descendencia; hijos, hijas, abuelas a su cuidado. En este mundo, sin leyes, imaginemos, por un momento, a El Gran Mamut.
El Gran Mamut se sienta a comer, a la mesa. Está cansado. Su hija viste con faldas cortas y de colorines. Y a él, a El Gran Mamut no le gusta eso. No le gusta, pero en el fondo, sabe que tiene a la hija más guapa del mundo, que todos los demás mamuts le envidian por ello. Pero, en el exterior hay que guardas unas apariencias, claro está. Y eso es lo que no le gusta. Y El Gran Mamut entonces se irrita, y no es capaz de tomarse la sopa tranquilo.
Además, tiene otros dos hijos, uno que aún es muy pequeño y no le da casi quebraderos de cabeza. Pero en cambio, el mayor, el otro… ¡ese ya se encarga solito de encenderle y hacer que su vena del cuello se hinche! El Gran Mamut a veces se refiere a él como “el-tonto-del-haba”. Este hijo, el-tonto-del-haba está siempre (o casi siempre) metido en problemas. Normalmente con chicas, los estudios, la ley… etc. Y lo que más le duele, es que El Gran Mamut sabe que su hijo mayor es de los más listos de todo el vecindario. No lo comenta casi nunca abiertamente, porque no le gusta dárselas de orgulloso en estos temas, como hacen el resto de sus amigos mamuts cuando están tomándose algo en el bar, después de trabajar antes de subir a casa a tomar la cena. Pero es un chico listo, algo apasionado a veces, y él lo sabe. Aunque en ocasiones, los problemas acuden a él como los mosquitos a la luz. Y entonces se enfurece y, claro está, es incapaz de beberse a gusto la sopa.
La hija, sueña con un país de libertades, donde pueda pasearse con su chico de la mano, por la calle sin que nadie les diga que eso está mal ni le estén dando la plasta todo el rato con lo mismo.
El hijo, de momento simplemente quiere seguir un poco a ver en qué termina todo esto. Solamente por curiosidad.
La madre, intuye que un cambio está en camino, que todo llegará. Y eso produce una falsa sensación de bienestar. Ya dejará de llover, y saldrá el sol, por donde sea.
Y yo, lo observo todo desde mi cama, sentado después de cenar fuerte. El televisor está encendido y muestra a la curiosa familia-mamut, y estas extrañas ideas me vienen a la cabeza.
A partir de ahora
sin señales
camino oscuro
si erramos, no lo sabremos hasta llegar al final
eso es lo que más miedo da
de los cambios
eso es lo que más atrae
el vértigo
que traen consigo
los nuevos aires
y las nuevas direcciones
sin señales

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