Archivos mensuales: marzo 2011

Espíritu de cuero negro

dedicado al espíritu-joven-eterno de Jim Morrison, a 29 de marzo, biblioteca de la facultad de bellas artes de madrid

Vamos a despertar,

quitémonos esas horribles
gafas de sol de plástico.
Vamos a saltar
a través de la ventana de tu
boca.
Voy a tirarme por tu tobogán
rosa
y a correr sin parar
por un campo de amapolas
marrones.
Humo azul-verdoso,
y a bailar ritmos calientes
nada eléctricos, solamente los dedos
y nudillos chocando fuertemente
contra la piel de los tambores.
Sudor y sangre,
y a quemar los cuadernos
de nuestras abandonadas
infancias
bajo el embarcadero
de la playa.
Y dejaré de entender lo
poco que comprendí,
ya no perseguiré nada
sabéis que en el fondo
os odio
a todos

días que pasarán

tampoco me gusta la luz rojiza
cuando la veo desde el salón
y llevo en esa habitación durante horas
quizá días
golpeando contra el muro blanco de enfrente
de mi casa
al atardecer
pero no me alarmo, no estoy ni estaré
siempre igual
es que simplemente me da pánico
pensar
que hoy es dieciséis de marzo de dos mil once
y mañana
ya no
lo será más
ayer era dieciséis de marzo de dos mil once
y las cosas que hayan ocurrido,
pues bien,
OCURRIERON
y ya nunca más sucederán
imagina cuánta gente se habrá conocido hoy
cuántos habrán follado por primera vez hoy
y cuántos se habrán peleado hoy por última vez
cuánta gente habrá tomado drogas y flipado
cuánta gente habrá terminado hoy su obra maestra
y cuántas vidas habrán cambiado hoy
quizá el día de mañana aparezca un nuevo Einstein
o un Shakespeare
un Ché Guevara
¿un nuevo dictador
de cristal
a quien culpar quizás?
un héroe para una nación en tiempos grises
y quizás haya nacido hoy mismo
quizás Dylan haya escrito
o pensado hoy
su próxima última canción
en los albores de su septuagésimo cumpleaños
quizás alguien se haya decidido a capitanear
la próxima revolución
la del siglo veintiuno
la que lo cambiará todo
la que terminará con eso
que “va mal”
y todo sea más fácil
o más claro y conciso y menos doloroso
imagina la cantidad de historias que se han sucedido hoy
en la calle de los artistas
o en cualquier otra
imagina cómo habrá silbado el viento
desde el parque del templo de Debod
o cómo habrán volado hoy las golondrinas
por el lago en la casa de campo
hoy podría haber pisado el desierto de Almería
manchando mis gastadas botas
con el polvo de los caminos de arena y whisky
podría haber tocado mi guitarra
desde lo alto del cerro de los locos
para tí
podría haberme atrevido a gritar cosas divertidas
o a pedir perdón
o a pedir cuentas o a rendirlas
porque hoy era dieciséis de marzo
de dos mil once
en cambio, mi huella habrá sido:
(y esto es lo que me da pánico)
un mensaje de a penas veinte palabras bonitas
y sinceras
y terminar de leer
“Sunset Park”
de Paul Auster
y comenzar
con “Brooklyn Follies”
en el váter

nuevo número de TuCasaEsComala – En el dormitorio de Archidona

ya apareció hace algunas semanas el siguiente número (el 6, correspondiente al mes de enero de 2011) de la revista literaria de jóvenes escritores TuCasaEsComala.
por poner en sobreaviso a quien no sepa de qué trata. es una revista publicada en un original formato, con grandes contenidos, de publicación “no-periódica”. tengo por costumbre participar -cuando me dejan y me aceptan-, y la dirección tiene por costumbre usar en ocasiones alguna fotografía mía, lo cual, nunca está de más decirlo, me parece un auténtico honor. nunca lo agradeceré lo suficiente.
un saludo a Letizia y a todos los comalenses (¿comalienses? ¿comalitas?) que forman la pequeña-gran familia-no-mamut
transcribo mi poema publicado en este último número.

En el dormitorio de Archidona

¡Alarma! ¡alarma!
Parejas de peruanos vienen
borrachos, por la calle grande
el resto de la gente llora
pero no lo saben
quieren más copas
exigen más copas
quieren más veneno
exigen más alcohol
quieren más respuestas
que la vida no entrega
que la vida nada otorga
y los halcones no despegan
en tierra
se quedan
incuban
los huevos del desconcierto
del odio, de la crisis
del MIEDO
y todo explota fuera
seguramente
seguirá explotando mañana
y las parejas son volátiles
no me quedan más que mis besos
para ti

Más allá

Una gran piedra me impedía salir a la superficie
estaba atrapado en la cámara del flujo de mi propia conciencia
donde las letras surgían, descontroladas, desafiantes y ambiguas.
La dama helada me quiso tocar un poco
con las frías yemas de sus huesudos dedos, y me sonrió en la oscuridad
la nieve quería quedarse, perpetua, en esta extensa llanura
pero mi caballo, asustado, no lo pude retener
y me arrastró hasta las cálidas costas del amanecer.
En el día, las promesas se me sirvieron en forma
de vaso de cristal
con bebida negra
con humo azul, espeso
y estrellas parricidas que volaban
a través de las nubes deshuesadas
con forma de animales de algodón.
Y la muerte seguía sentada en la mecedora
contando, sonriente, desafiante y ambigua.
“¿Quieres hacer un trato conmigo?”
una nueva muesca de triunfo en tu rostro
por cien años
de soledad.
Desiertos secos, donde los hombres
y las mujeres y los niños
son desterrados, a sobrevivir.
Día a día, noche tras noche.
El sexo surgió como alternativa
a parte
como convencimiento de otra salida
o huida hacía aquello que llamaron
el “más allá”, o “further”.
Tus lamentos, con forma de perro
quejándose, siempre quejándose
de mi culpa, de las suyas, de las de él
del viento y del mar y del mundo
y de ella
en general.
Y mi escaso orgullo, recién adquirido
con forma de gata blanca de ochocientos años
acostumbrada a mirar de reojo, sin sonreír
sin querer ser feliz de manera gratuita, altiva
egoísta, engreída y enfermiza.
Los pendientes y el sexo
en fin, marcas personales hacia la tranquilidad
esperanza desgarrada, que se persigue
que se alcanza y después
otro nuevo atardecer
el sol anaranjado como un piloto encendido
será engullido por el mar
rozando con su estela los veleros
las gaviotas dibujarán su silueta contra él.
Aunque no entendamos, aunque sintamos miedo
y estemos solos la mayoría de las veces, y nos enfademos
e ignoremos aquellos que nos acompañaron por los caminos
en los lejanos veranos:
no hay nada que temer, pues la vida no la inventó nadie
sino
la hacemos nosotros, con cada tropiezo.

El caso de la curiosa familia-mamut

En un mundo en el que los mamuts todavía caminasen entre nosotros. En el que llevaran trajes de seda y algodón o simplemente de cuadros, o grises. En el que tuvieran trabajos, como barrenderos, panaderos, programadores de ordenadores y cosas así. En el que tuvieran también, familias como la tuya o la mía, con su amplia descendencia; hijos, hijas, abuelas a su cuidado. En este mundo, sin leyes, imaginemos, por un momento, a El Gran Mamut.
El Gran Mamut se sienta a comer, a la mesa. Está cansado. Su hija viste con faldas cortas y de colorines. Y a él, a El Gran Mamut no le gusta eso. No le gusta, pero en el fondo, sabe que tiene a la hija más guapa del mundo, que todos los demás mamuts le envidian por ello. Pero, en el exterior hay que guardas unas apariencias, claro está. Y eso es lo que no le gusta. Y El Gran Mamut entonces se irrita, y no es capaz de tomarse la sopa tranquilo.
Además, tiene otros dos hijos, uno que aún es muy pequeño y no le da casi quebraderos de cabeza. Pero en cambio, el mayor, el otro… ¡ese ya se encarga solito de encenderle y hacer que su vena del cuello se hinche! El Gran Mamut a veces se refiere a él como “el-tonto-del-haba”. Este hijo, el-tonto-del-haba está siempre (o casi siempre) metido en problemas. Normalmente con chicas, los estudios, la ley… etc. Y lo que más le duele, es que El Gran Mamut sabe que su hijo mayor es de los más listos de todo el vecindario. No lo comenta casi nunca abiertamente, porque no le gusta dárselas de orgulloso en estos temas, como hacen el resto de sus amigos mamuts cuando están tomándose algo en el bar, después de trabajar antes de subir a casa a tomar la cena. Pero es un chico listo, algo apasionado a veces, y él lo sabe. Aunque en ocasiones, los problemas acuden a él como los mosquitos a la luz. Y entonces se enfurece y, claro está, es incapaz de beberse a gusto la sopa.
La hija, sueña con un país de libertades, donde pueda pasearse con su chico de la mano, por la calle sin que nadie les diga que eso está mal ni le estén dando la plasta todo el rato con lo mismo.
El hijo, de momento simplemente quiere seguir un poco a ver en qué termina todo esto. Solamente por curiosidad.
La madre, intuye que un cambio está en camino, que todo llegará. Y eso produce una falsa sensación de bienestar. Ya dejará de llover, y saldrá el sol, por donde sea.
Y yo, lo observo todo desde mi cama, sentado después de cenar fuerte. El televisor está encendido y muestra a la curiosa familia-mamut, y estas extrañas ideas me vienen a la cabeza.
A partir de ahora
sin señales
camino oscuro
si erramos, no lo sabremos hasta llegar al final
eso es lo que más miedo da
de los cambios
eso es lo que más atrae
el vértigo
que traen consigo
los nuevos aires
y las nuevas direcciones
sin señales

Lo que ve Yashica

¡Así que entonces, dime tú, ¿cómo se supone que voy a saberlo?!
Tú, que paseas por la calle, pavoneándote sin decir siquiera “esta boca es, o ha sido, o será mía”. Tú, que te enorgulleces de todos los éxitos logrados y, más aún, de todos los fracasos que he conseguido a base de tesón, poco esfuerzo, mucha cabezonería y mucho caos. ¿Serías capaz de decirme cómo quieres que sepa cuál es el siguiente paso a dar?
No lo harás, pero no porque no quieras hacerlo. Estás deseando hacerlo; deseando soltarlo por el pico, tú y todos los que sois como tú. No lo harás porque, realmente no cambiará para nada esta situación.
¿Me enorgullecen mis fracasos? Claro que no, pero no los olvidaré. No tan fácilmente. No de una manera tan barata como parece ser hoy en día que son casi todas las cosas. Tenemos ropas baratas, vuelos en avión baratos, medicamentos baratos, amor del barato -que no del bueno- y, por supuesto, olvidos baratos. Pocas cosas valen ya hoy más de lo que costó fabricarlas. Cemento fresco de baja calidad. Y el mundo se desmorona y los edificios caen… ¡cuidado!
¿Qué se supone que debe hacer pues un tipo como yo para llevar una vida? No hablo si quiera de una vida feliz, me refiero simplemente, a “llevar una vida” en el sentido literal. Buscaré un buen empleo, pero antes, déjame que te plantee yo ahora mis normas o reglas del juego.
No me gusta ninguno. Ningún empleo es bueno. No hay que confundir el término “empleo” con “trabajo”. Ni si quiera existe un trabajo bueno. Hay algunos que parecen rozar un poco, con la punta de los pelos del flequillo de James Dean, esa falsa e ingenua “bondad”. ¿Qué sentido tiene para un ser humano realizar la misma acción durante todos y cada uno de los días de su vida? Hablo de una acción completamente repetitiva. Día tras día. Y que además no te produce ninguna satisfacción personal. Y al día siguiente. Y te entran temblores en la tripa al despertarte por la mañana pensando que tendrás que estar ahí. Todo el día, y al otro. Y al siguiente también. Eso tiene un nombre y fue abolido en gran parte del planeta a mediados del siglo pasado. Por desgracia, no del todo, y en ciertas ocasiones sigue manifestándose, quizás más cerca de lo que nos creemos.
No hablaré en nombre de toda la humanidad, porque obviamente, el título me viene gigante. Hablaré en mi nombre, por una vez en la vida y enfrentándome una vez más a mis contra-adicciones y mis realidades quizá sean mañana las encargadas de devolverme mis palabras en forma de bofetón redondo. No me gusta eso. Yo no quiero eso. Yo detesto eso.
¿Cómo te sentirías entonces? ¿Te gustaría verme acabar así el resto de mis días? Encadenado por los pies, con el pelo afeitado o cortado al rape completamente. Con heridas y arrugas. Con una mirada gris y un traje aún más gris. ¿Eso es lo que quieres?
Estoy seguro de que prefieres otras cosas, si miras en tu interior, sabrás cuáles son. Y si tienes el valor y el arrojo necesarios, sabrás ir detrás de ellas.
Por el momento, no perderé el tiempo en molestarme a mí mismo. No merece la pena, de verdad. Habrá cosas más importantes que hacer a partir de mañana. Tal y como decía Durden en “El Club de la Lucha”, “mañana comienza el resto de tu vida”.
Todo esto, estas idas y venidas. Como subir y bajar en el mismo puto ascensor. Siento como que mi vida es llevar un traje rojo, un gorrito apretado a la barbilla, y un traje con muchos botones dorados y lo único que tengo que hacer es preguntarle a la gente “¿qué piso, señor?” y apretar el puñetero botón hasta llegar a nuestro destino. Y el ascensor funciona día y noche, día y noche día y noche. Sin parar. Es como para volverse loco de remate. Espero que mis días estén contados desde ya. Porque, si me preguntaran si quisiera continuar en esta situación (por ejemplo) tres meses más. Joder, diría que por nada del mundo. Así de franco. Lo siento.
¿Qué otra cosa podría hacer? Buscar una buena chica. ¿Y qué se supone que haría con una buena chica? (otra vez las citas cinematográficas). ¿Qué se supone que tenemos que hacer entre nosotros? Amarnos, respetarnos. La televisión y el cine y la música nos ha dado la peor lección que nos podían haber dado. Por eso hay que hacer más caso a los profesores y convertirse en un amargado desde jovencito. No hay que caer en el error de presumir. No hago caso en clase, veo la televisión. Te idiotizan. Te enseñan a pensar en que el amor es algo eterno. “Fuimos novios durante casi ocho años y después [ella sonríe mientras él la sostiene de la mano y a su vez también sonríe], nos casamos. ¡Simplemente nos queremos, así de sencillo!”.
¡Así de sencillo! Válgame dios. Y dime Lucy, ¿has pensado también en lo mucho que le seguirás queriendo cuando se te empiecen a caer las tetas y tu culo comience a engordar y él se fije en su joven alumna de post-grado?
Nos mienten, nos drogan con drogas de las malas (de las que no se sienten ni te hacen nada a primera vista) y con sus efectos especiales nos engañan y nos van embotando. Y todo cuanto nos queda, al final del camino, es poder seguir viendo programas en la televisión, series de historias increíbles que nos “atrapan” por unos instantes “transportándonos” a una vida lejana y nos sumergen en sus tramas “complejas” con giros de guión completamente “inesperados”. Pero la vida real debe de ser otra cosa, creo yo.
En la vida real nadie te llorará mas de dos o tres días seguidos. A no ser que hayas sido muy importante (como el puto Michael Jackson, por ejemplo). Cuanto antes te metas esta idea en la cabeza, mejor.
Así que, volvamos al principio. ¿Qué se supone que debería hacer?, ¿quieres que te agrade, que te haga más feliz la existencia?, ¿que te de palmitas? Lo siento, no estoy aquí para eso.
Dedicad
o a la persona que más quiero en este mundo.