Un oscuro abismo

Cae el deseo junto con las gotas de lluvia,
empapando las calles mojadas
de Madrid.
Un cielo rojo ilumina con sus rojas nubes
una luna roja y en las calles se halla
una mujer de cien lunas que vende
que vende rosas, color fresa
que la gente pasa
que la gente no ve.
La mujer llora sus lágrimas
de pena.
Porque la gente no coge sus
preciadas flores de cementerio.
Y la mujer llora, pero vive. Tranquila.
Sabe que el telón se pondrá
que la función tocará a su fin.
La gente a su alrededor
(un tipo casi la pisa);
las prisas les obligan
a pasarlo bien sin ver
qué está pasando.
La mujer sonríe desde
lo más profundo de su
ajado y marchito rostro.
Sonríe sabiendo que a todos
les llegará el turno.
“El deseo rojo del cielo se torna
negra voluntad de un ángel segador.
Con su oxidada guadaña rebanará
vuestras voluntades.
Y todos seréis, al fin, vacío eterno.
Olvido, no durante los primeros cien
o quizás ciento cincuenta años.
Pero a partir de cierto tiempo,
poco importa lo que llevarais
o creyerais llevar en vuestras caras
y bonitas alforjas.”
Y la mujer sonríe, henchida de orgullo
y cierto aire de maldad.
“No importa lo que llevéis encima;
todas vuestras cosas
valdrán lo mismo
que vale cada una de mis rosas,
cuando os halléis en el oscuro abismo.”

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