Sobre la fotografía V – Evangelios fotográficos

Sontag nos plantea en este ensayo, varios temas a tratar. Uno de los principales sería el del casi eterno debate sobre si la fotografía debe ser considerada un arte. Además hace un breve repaso sobre las “aspiraciones” que los fotógrafos han tenido a lo largo de la historia o los motivos que les han llevado a querer apretar el disparador de sus cámaras; habla sobre lo estéril que puede ser tratar de clasificar a un fotógrafo bajo el sello o la marca de una corriente o una escuela y, finalmente; abre la cuestión sobre qué es realmente una fotografía: un original (negativo), una copia de una copia; un artefacto en resumen.

Los fotógrafos han tenido a lo largo de los años cierta presión “de justificar siempre lo que hacían”. Al tener múltiples temáticas -infinitas quizás, siguen siendo demasiadas- el fotógrafo, a diferencia del pintor, salta de tema en tema. Pocas veces o pocos han sido los fotógrafos que han apoyado su carrera en un único ladrillo, sino que han sido varios y de distintos materiales con los que termina labrándose su carrera. Tenemos el caso de Avedon y su serie de retratos, en contrapunto con los trabajos de moda que también le dieron fama; Stieglitz, que pasó de ser un abanderado del pictorrealismo a ser considerado uno de los padrinos de la fotografía moderna americana, etc.
Pienso que, en otras artes, hay que ser muy reconocido, o un genio para poder dar esos saltos de cama en cama transmutando la forma de tu obra de serie en serie. Y sobre todo, hay que haber realizado la obra a partir del siglo XIX en adelante. Los cuadros de Velázquez (si bien es cierto que siempre se puede contemplar una evolución en cuanto a técnica, faltaría más) son prácticamente iguales en cuanto a forma se refiere. Goya podría ser una excepción que confirma la regla, en cuanto a la metamorfosis temática de sus pinturas y grabados, pero no así de la forma con la que los ejecuta.
Y es que debido al amplio espectro de identidades que puede tener la fotografía, ésta siempre ha estado en el ojo del huracán en cuanto a su inclusión o no dentro de las bellas artes. Algunos autores han vacilado, otros lo han negado en rotundo, y otros pusieron excusas (como el caso de Bresson y el color en la fotografía, argumentando que el color era algo del mundo de la pintura). Si bien es cierto que, la fotografía al encontrárnosla casi a diario y en circunstancias de lo más comunes termina por parecer una infiltrada en el mundo del arte. Tenemos fotografías en nuestros carnets de identidad, en los anuncios de detergentes, en las instrucciones de una herramienta o en las guías de viaje.
Me gusta la reflexión que termina haciendo Sontag sobre la fotografía, relacionándola directamente con el lenguaje. El lenguaje permite realizar obras de arte de gran envergadura, ya sea por medio de la literatura, o de su incorporación en un proyecto audiovisual, pero el lenguaje por sí sólo no son más que palabras. Lo mismo pienso de la fotografía. Una cámara puede ser utilizada de miles de maneras distintas -apuntando a miles de millones de temas diferentes- pero depende del uso que queramos darle, podrá tener esas connotaciones artísticas o no tenerlas.

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