Sobre la fotografía III – Objetos melancólicos

El surrealismo encontró su hogar en la fotografía, una de las artes más realistas que hay, mucho más que su prima-hermana la pintura. Tiene la capacidad de que cualquier objeto capturado por el objetivo de la cámara pase a tener una connotación que va más allá de lo que aparenta ser. Un ataúd o una gramola pueden llegar a tener distinta forma en el mundo real; en la vida real donde todos los pequeños fotogramas fluyen a la misma velocidad. Pero en un instante capturado, ya sea en un segundo, o en una centésima de segundo, todo puede cambiar y adquirir otras dimensiones. La fotografía muestra instantes pasados, y ello conlleva una serie de efectos y de fenómenos que merecen -y así han sido- ser estudiados.

Muchos fueron los fotógrafos que, en los orígenes de esta disciplina se dedicaron a fotografiar o a capturar motivos siendo conscientes de que su fin, el fin de esta serie de personajes, edificios o en algunos casos ciudades, estaba más bien próximo. Con el paso del tiempo esto puede llegar a plantear una serie de cuestiones: ¿tiempos pasados fueron mejores?, ¿es necesario plasmar en una fotografía algo que va a ser polvo el día de mañana?. La gran mayoría de estas preguntas van asociadas a sentimientos bastante parecidos como son la melancolía o la tristeza.
No obstante, también esto otorga a la fotografía una potente herramienta con la que documentar el incesante paso del tiempo. Gracias a ello, podemos comprobar como eran antiguas colonias o civilizaciones. La fotografía realmente muestra una realidad que estuvo en esa esquina o presente en tal sitio en cierto momento. Antiguamente, durante el siglo XIX, fueron comunes los casos de barriadas enteras en ciudades que eran derribadas y levantadas de nuevo porque eran “foto-denunciadas” por algún artista. Hoy en día, de una manera similar, todo aquello que se va fotografiando en exceso termina por dejar de existir. En un viaje a un pueblo lejano o ciudad, es común fotografiar monumentos y lugares que, más tarde, es probable que no se recuerden del todo bien al observar esas mismas escenas tomadas con anterioridad in situ.
Así pues, una experiencia ha dejado de ser con los años algo que “se vive” para convertirse en algo que es “capturado” o catalogado por los incansables cazadores o coleccionistas de experiencias. Las fotografías se convierten en algo parecido a objetos surrealistas que representan algo más allá de lo que son. Representan sensaciones, sentimientos vividos en el pasado, recuerdos… etc.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *