Por encima de la tierra quemada

“Es cuestión de criterios”, le soltó el búho a la garza
mientras comían gusanos desesperadamente
afuera, estaba oscureciendo, y dentro en la cueva
se estaba caliente.
Así que tomó el camino que llevaba hasta las
puertas del Edén, en aquel cruce de caminos.
La suerte estuvo bien echada.
Ella corre alegremente, saltando
de nube en nube, con un violín en su mano
izquierda
y una manzana mordida
en la derecha.
Y entonces los ojos del sumo sacerdote
se entreabrieron en un acto no exento
de malicia, o así quiso verlo alguien.
Malicia, malicia.
En estos mismos momentos, dos ladrones
de coches aguardan en un renaultviejo
del año noventa y cuatro, al acecho.
Están en el callejón de ahí abajo
donde los gatos hacen sus cosas
y también copulan, en las noches de luna nueva.
La espada que pendía finalmente caerá
los antiguos ya lo predijeron,
y estará escrito en las estrellas, arriba en el firmamento.
O en el barro, abajo, en el suelo.
En algún sitio estaba escrito.
Yo, no puedo continuar por este camino.
¿o sí?
Yo, quiero saber lo que quiero.
¿o ya lo sé?
Yo; ahora bien, quiero seguir por este sendero
no de lágrimas, sino de tristeza y carnaval.
Y lo que el avestruz encontró allá
bajo la tierra quemada del desierto de Chihuahua,
para sí mismo se lo guardó. Y no lo compartió.

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