Archivos mensuales: Enero 2011

Por encima de la tierra quemada

“Es cuestión de criterios”, le soltó el búho a la garza
mientras comían gusanos desesperadamente
afuera, estaba oscureciendo, y dentro en la cueva
se estaba caliente.
Así que tomó el camino que llevaba hasta las
puertas del Edén, en aquel cruce de caminos.
La suerte estuvo bien echada.
Ella corre alegremente, saltando
de nube en nube, con un violín en su mano
izquierda
y una manzana mordida
en la derecha.
Y entonces los ojos del sumo sacerdote
se entreabrieron en un acto no exento
de malicia, o así quiso verlo alguien.
Malicia, malicia.
En estos mismos momentos, dos ladrones
de coches aguardan en un renaultviejo
del año noventa y cuatro, al acecho.
Están en el callejón de ahí abajo
donde los gatos hacen sus cosas
y también copulan, en las noches de luna nueva.
La espada que pendía finalmente caerá
los antiguos ya lo predijeron,
y estará escrito en las estrellas, arriba en el firmamento.
O en el barro, abajo, en el suelo.
En algún sitio estaba escrito.
Yo, no puedo continuar por este camino.
¿o sí?
Yo, quiero saber lo que quiero.
¿o ya lo sé?
Yo; ahora bien, quiero seguir por este sendero
no de lágrimas, sino de tristeza y carnaval.
Y lo que el avestruz encontró allá
bajo la tierra quemada del desierto de Chihuahua,
para sí mismo se lo guardó. Y no lo compartió.

iluminaciones

de la misma manera que mi subconsciente me quiso engañar diciéndome dónde estaba localizado el radio en una pierna; me descubro observando, perplejo esa extraña palabra que tan pocas veces he oído pero tantas leído o apuntado en un cuaderno o simplemente en un folio.
ante mí, se presenta parte de su naturaleza, no toda; tan solo una pequeña revelación de que la historia no es tal y como yo creí que era hasta ahora. aquella palabra, con sus aparantemente dos fonemas se transformaba en una con origen francés, allá en la lejanía de los primeros veinte años del siglo xx.
y poco a poco, al escribirla en un folio en blanco una vez más, esta vez completamente sola, sin más compañía que mi propio trazo en la hoja, se ilumina ante mí. comprendo que no era nada que estuviera por debajo, al contrario; es algo que irá mucho más allá de donde yo mismo pretendía estar mirando.
así se presentó ante mi, cierta noche
sur réalisme

 

como el lobo

es el arte,
la magia;
el convertir en blanco
lo que ayer fue negro;
o ensalzar y hacer grande,
lo que es minúsculo, pequeño
todos politiquean
niegan, afirman
alaban
o juegan a ser concejal;
cuando juegas con tu novia,
cuando bajas a por pan
cuando hablas.
en la política del día no existe sólo
el valor comercial o mercantil
juegan el juego diversas ideas complejas
o conceptos
el bien común,
el deseo,
el fuego,
el interés emocional, el sentir
es la política
convertir la lluvia en sequía
acallar las voces desafinadas
que interfieren
en el coro que canta el día a día
que nos delata lo que otros quieren
y si lo negativo es demasiado
invertir el discurso
centrarnos
en lo poco que hayamos positivado
cambiarnos de chaqueta
o arrimarnos
siempre siempre, al sol que más calienta
encender las hogueras de los Martes
y disimular hasta que pase
el viernes, la tormenta
la política va tatuada
en la piel de todos, adentro
algunos con un simple trazo
y otros marcada
a fuego y hierro
como el lobo, despojado
de su piel de cordero
la política deja de ser política
es revolución ahogada

Un No-fotógrafo

Sientan muy bien unos días libres en la tienda en medio de semana. Aunque tengas otras obligaciones, te sientes un poco más ligero de carga. Eso es lo que me pasa a mí, que debería estar haciendo otras cosas en vez de salir a la calle a pasear. Pero quería sentir un poco de frío en la cara y en los huesos. Armado únicamente con mi cazadora, cogí mi segunda cámara de fotos favorita, esa que no es capaz de hacer ninguna foto, pero puede ver de maravilla cada rincón de la ciudad. Así que, atados los cordones, salgo a la calle, todavía hay bastante luz. Una de las cosas que no me gusta de pasear en invierno; más tarde de las seis es una tontería salir porque el sol está prácticamente oculto a esa hora. Aún así, salgo. Y mis pasos me llevan por todo Bravo Murillo hasta Cuatro Caminos. Cruzándome con gente a la que imagino que hago retratos íntimos y personales. Hola, ¿me dejas que te haga una foto? Déjame si quieres un teléfono o una dirección para poder contactar contigo. Por si las moscas… Ahora que lo pienso, funcionaría genial para ligar con las chicas. Sigue leyendo Un No-fotógrafo

Las impresiones

He visto y oído muchas cosas en lo poco que llevo recorrido, y digo poco, porque así siempre sé que quedará mucho por andar. Una de las cosas que más me ha llamado la atención en estos veinte y equis años es la cantidad de personas que existen. En total, dicen, alrededor de unos seis mil millones de cerebros andan por este mundo de arriba a abajo (otros dicen que en verdad son seis mil quinientas veinticinco millones y ciento setenta mil doscientas sesenta y cuatro).
Son muchas personas, y por tanto, muchas voces para decir cosas o, para pensarlas al menos. Que existen varios tipos de personalidades o distintas formas de ver el mundo es algo que no vamos a descubrir ahora como novedad. Pero siempre parece que, en el uso diario, fuera del confort y de la comodidad de nuestros sillones para navegar por internet o de nuestros colchones en los que comemos, dormimos y otras cosas, se nos termina olvidando. Y por eso caemos en el grave error de los tópicos dañinos.

Imaginemos un estudiante de universidad, o de cualquier otro tipo de enseñanza secundaria. Imaginémosle como alguien inteligente, culto, correcto en su forma de ser. Un poco creyente, pero en la filosofía del trabajo duro, del sacrificio y del buen hacer. Ahora, imaginemos que un día, o una noche, es asaltado en plena calle. Su asaltante, imaginemos que es una sola persona, va vestido con ropas de esas que los tópicos nos hacen saber frente a qué tipo de persona nos las estamos viendo; esto es, chupa de cuero, pantalones rotos, zapatillas deportivas desgastadas… Fijémonos en cómo asalta a nuestro pobre e inseguro estudiante, con una navaja automática en su mano derecha. Utiliza un lenguaje agresivo, con un acento muy marcado de extrarradio de ciudad, y utilizando expresiones como “pelas” o “viruta” para referirse al dinero, y “tron” o “compi” para referirse a nuestro pobre e irritado estudiante.
Al día siguiente, en la comisaria, hace una descripción a grandes rasgos de su asaltante. “Ropa como de cuero, higiene descuidada, lenguaje obsceno”. Esto que tenemos en nuestras manos es, un macarra, un chulo, un fuera de la ley. Y además es diestro. Un fuera de la ley diestro que se dedica a asaltar, desconocemos con qué pretexto, a la gente por la calle para robarle. ¿Convertiría esto entonces, a todos las personas con su misma apariencia, bajo sus mismos rasgos, en un asaltante? Ahí tenemos el tópico creado. Imaginemos ahora la cantidad de personas que habrán recorrido este mundo antes de estos seis mil millones, para abreviar, que lo pueblan ahora. Imaginemos todos estos años desde que el mundo es mundo. Imaginemos la cantidad de opiniones que se habrán emitido. Porque opinar sienta bien, dicen algunos. Claro que sienta bien, pero hecho de manera indiscriminada, sin razón y sólo por el gusto de oír nuestra propia voz, puede llegar a ser peligroso, quizá más que un cuchillo o un arma de fuego cargada.
No sólo existen chulos que se dedican a robar, los hay que se dedican a arreglar coches, otros conducen autobuses, algunos escriben historias sobre gentes inventadas. Igual que existen asaltantes en cualquier rincón del planeta. Localizar o tratar de crear unas normas para acotar perfiles puede resultar una trampa mortal.
Como decía al principio, he conocido ciertas cosas curiosas durante este tiempo. Gente de azul que tolera más a un inmigrante que uno de rojo. Sacerdotes más radicales en la lucha por los derechos civiles que un aguerrido activista legítimo y militante en una ONG. Un pensador de izquierdas cuya forma de comportarse y de relacionarse en sociedad es mucho más cívica y conservadora que uno de derechas. Drogadictos que asaltan a estudiantes por las calles para robarles. Drogadictos que trabajan en oficinas, drogadictos que son buenas personas y buenos padres de familia. Padres de familia que no harían nada por sus hijos y padres de familia que matarían por salvarlos. Aficionados a la bici que hablan de manera pausada y tranquila. Ciclistas propensos al victimismo. Fontaneros ignorantes. Mozos de almacén que son capaces de entender lo que se esconde más allá de un ligero quiebro en la voz de una persona que aparenta estar segura de sí misma. Conductores de tractores que juegan por internet con otras personas y se comunican con ellas, pero no se entienden. Un peón de obra que dejó la universidad porque quería trabajar en la construcción. Amas de casa que leen más libros que un profesor de filología… bueno, quizá más no, pero ahí le anda. Directores de proyectos de telecomunicaciones a los que les encanta una buena charla sobre cine clásico de los años treinta con una cerveza en el bar de la esquina de vez en cuando. Gente que, directamente, no ha podido aprender a leer o escribir y no hablan de sus males echándole la culpa al mundo, pero siguen adelante y ayudan siempre que pueden a cualquiera que necesite ayuda.
Muchas veces, todas estas opiniones o impresiones sobre las personas que nos cruzamos dependerán, como casi todo en la vida, de nuestro punto de vista y nuestra predisposición a creer, o mejor dicho, querer creernos ciertas ideas o imágenes que tenemos en nuestras cabezas; así como un buen millar más de factores aparentemente aleatorios como los biológicos o los sociales, el estado anímico, estrés y/o vete tú a saber qué.

Sobre la fotografía II – Estados Unidos visto por fotografías, oscuramente

NOTA: Como este artículo sigue recibiendo visitas, será revisado y reescrito. Muchas gracias por seguir leyéndolo.

 

En esta segunda parte de “Sobre la fotografía”, Susan Sontag nos habla de su país, Estados Unidos, del poeta Walt Whitman y la evolución sufrida por la condición de “lo bello y la fealdad” a través de una mirada retrospectiva a lo que ha sido la fotografía estadounidense en el siglo XX y haciendo parada especial en una serie de figuras relevantes: Alfred Stieglitz, Walker Evans y Diane Arbus.

Ya desde el siglo XIX, Whitman promueve desde su trabajo “Hojas de hierba” un discurso de concordia, que habla de la belleza natural e intrínseca en todas las cosas y personas que habitan América. Para Sontag, estas palabras implican que “pensaba que no estaba aboliendo la belleza sino generalizándola”. Whitman alienta, en fin, la idea de que su propia nación era de por sí el poema “más grandioso” que existía, debido a su heterogeneidad tan basta y llena de matices. Así, la belleza – y su opuesto – dejan de existir o tener sentido. En los primeros años de la fotografía, los primeros autores, recién llegados algunos de ellos de la pintura y otras disciplinas artísticas, recurrían a la temática lírica o pictórica; a la belleza desde un punto de vista clásico y formal. Aún hoy, recuerda Sontag, un fotógrafo amateur considera una fotografía “bella” o bonita aquella en la que se retrata a su vez algo bello o bonito, como una figura de mujer, un crepúsculo o la sonrisa de un niño.

La fotografía no podía quedarse (y no lo ha hecho) en el debate entre lo bello o lo desagradable, precisamente por ser – debido a su “referente” intrínseco, lo que capta el objetivo – una de las artes que más sumergida se halla en el mundo material, donde la belleza muchas veces se encuentra al lado de algo menos atractivo. Se podrá hablar de fotografías con mejor o peor acabado técnico, de fotografías más o menos interesantes e incluso de retratados más altos y guapos o feos y bajos. En cierta manera, es una manera de congeniar con las ideas de Whitman, en las que la belleza queda abolida, en este caso, del resto de adjetivos que pueden definir una fotografía.

De esta manera surgen figuras como Arbus – con su exposición retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de 1972 – o Alberto García-Alix en España. Las pretensiones de los primeros fotógrafos, como Walker Evanst – quien quería que su fotografía resultara “culta, calificada y trascendente” – quedan desfasadas a medida que el siglo XX avanzaba dando paso a cierto desasosiego o incertidumbre y que terminó en sueños rotos y desilusiones ideológicas e idealistas. Arbus y García-Alix son, en mi opinión, algunos de los muchos ejemplos de esta nueva diversidad fotográfica, la ruptura con la definición tradicionalista de “belleza”. Sus trabajos pueden parecer bellas ahora, pero es hablar de una belleza más espiritual; belleza quizás en cuanto a contenido, a discurso, lo que va más allá de la imagen, estética. Más allá de esto, que no sería más que el comienzo de un complejo estudio fotográfico, terminarían las comparaciones entre uno y otro. Arbus realiza un trabajo más espontáneo, quizás, que Alix. Las fotografías de Alix han demostrado ser más personales y autobiográficas; fotografía su vida, su entorno, sus amistades. El modo de trabajar de Arbus se asemeja más al del reportaje callejero que al de fotógrafo retratista con estudio. Como un boxeador, muchas de sus imágenes buscan golpear la conciencia, remover las ideas preconcebidas sobre belleza de una manera directa, con poca premeditación. Alix en cambio, centra gran parte de su obra en la reflexión o en la metáfora en forma de imágenes a veces hasta surrealistas o de ensueño, llegando incluso a acariciar el género de poema corto a la hora de titular cada una de sus trabajos o documentarlo y dotarlo de un discurso al presentar una serie o exposición.

Tanto Diane como Alix, retratan a personas situadas en lo que se consideraría los límites sociales; gente que sufre, marginada o apartada, drogadictos, enfermos mentales, figuras de circo o cabaret que fuera de su escenario no tienen cabida, prostitutas etc. Y es el mismo acto de ser fotografiados lo que hace plantearse al espectador, a nosotros, nuevos interrogantes, como dice Sontag: “¿se ven realmente así?”, ¿se aceptan tal y como son?. El hecho de que sean retratos completamente posados (a diferencia del trabajo de Walker Evans y sus retratos del metro) es lo que enfatiza la idea de que, ciertamente existen otros mundos. Otros mundos que se rigen por otras leyes, por otro tipo de belleza y por otra estética. Ella utiliza la fotografía, la cámara, como un escudo que le permite ir hacia donde quiera, entrar donde quiera, siempre parapetada detrás de ella. Para él, la fotografía significó una forma de poder seguir viviendo, un salvavidas al que aferrarse para conducir su vida en tiempos de marejada. Ambos han hecho mucho por la fotografía, rompiendo los esquemas que las artes tradicionales nos dejaron en herencia.

Serie 20102011

Acabo de subir una nueva galería de fotografías, realizadas a caballo entre 2010 y 2011; entre Madrid y otros lugares tan dispares como habitaciones, solares de edificios derruidos, estudios fotográficos, cielos y pasajes. Hay tanto técnica digital como analógica en diapositiva o película de blanco y negro de medio formato. Como siempre, podéis acceder haciendo click aquí o en la respectiva galería en la sección de “Fotografía”.

Existe ese lugar, allí, donde se escapan las ideas por entre las chimeneas, en donde los fantasmas caminan entre escombros de viejas casas, donde la magia existe pero no tal y como la conocemos. Ese lugar lleno de luz, incluso en los días en los que la ciudad respira y más allá de su línea divisoria no hay nada. En esos días intento escapar, pero nunca lo consigo. Solamente puedo recurrir a estas imagenes y rezar a quien quiera que me esté mirando para, definitivamente, no volverme loco de remate. Y así, una vez más, volver a resurgir, subir las escaleras una vez más y, conviviendo entre poetas y sus guitarras, líos de faldas y grúas y obras, poder seguir existiendo, día a día.

me dicen que estoy loco

me dicen que estoy loco; y qué,
todos lo están un poco,
aunque reconozco que algunos
disimulamos peor que otros
todos buscamos algo y no lo encontramos
y nos enfadamos, y nos negamos
y ahí, escribió algún psiquiatra
perdimos la conciencia de lo humano
me dicen que estoy loco; y qué,
lo admito, seguramente sea un tonto
cabizbajo, recibiendo puntapiés en la espinilla
que la gente lista y bonita esquiva a golpe de talonario y medicina
porque todo el mundo tiene problemas
cuando no encuentran lo que buscan
cuando no tienen lo que quieren
y lloran, y gritamos y se nos eriza el pelo
y un escalofrío nos recorre el espinazo
me dicen
y estoy un poco harto de que digan
me escuchan
y estoy volviéndome loco de que me escuchen
ella, sólo quiere salir al jardín a jugar
y si cambia de opinión
o me canso
volverse a meter dentro
y que no la miren mal
y que la dejen de mirar

"Sobre la fotografía"

En los años 70, Susan Sontag escribió una serie de artículos y ensayos reflexionando sobre la fotografía, sus orígenes y en lo que se estaba transformando, y en lo que habría de llegar a ser. Recopilados en un único tomo “Sobre la fotografía” contiene todos estos escritos y se ha convertido en un libro clave para la comprensión de la “filosofía fotográfica”.
Publico hoy por aquí mi pequeña reflexión personal sobre el primer capítulo del libro, “En la caverna de Platón”.