Cero

Volvió a vomitar. Todo le daba vueltas en la cabeza. Oyó una voz que le resultaba familiar y se reincorporó desde la taza del váter. Todavía tenía babas y bilis corriendo por sus labios. El estómago y la garganta le ardían como si le hubiesen hecho tragar un litro de agua mezclado con whisky y ácido. Ella estaba desnuda, delante de él. Parecía recriminarle algo pero, en el actual estado en que se encontraba, le pareció una injusticia y un poco surrealista.

 

– Has vuelto a hacerlo ¿verdad? Te has vuelto a ver con él.

– Escucha, yo te quiero, no puedo vivir sin ti, no me hagas esto por favor. No necesito que me hagas esto.

– ¿Y lo que me haces tú qué? Cada vez que tengo que ir a buscarte, cada vez que tienes uno de estos ramalazos que te dan de niño consentido me destrozas la vida tío. ¡Y yo también te quiero joder!

– Bueno pues, si me quieres…

Dejó inconclusa la frase, no era capaz de levantarse. Decidió no hacerlo, la vista no era tan mala desde donde se hallaba.

– Escúchame Sandra, yo te quiero mucho y… sin ti, sin ti no sabría qué hacer, estaría perdido- logró balbucear.

– Sin mi no sabrías qué hacer… pero si estoy a tu lado, y haces siempre lo que te de la gana. Esta noche se te ha puesto entre ceja y ceja el meterte algo en el cuerpo, y has ido a ver a Ramos, no has podido decirle que no, no has podido decirte a ti mismo que no.

– Cariño, lo siento… no sé por qué lo hice.

– Pues yo si sé por qué lo has hecho. Lo has hecho porque eres débil y cobarde, porque no sabes valerte por ti mismo y necesitas siempre de alguien, como yo o como Ramos que te atiendan, que te digan lo que hay o tienes que hacer. Pero ya yo estoy harta ¿sabes? Quiero acabar de una puta vez. Lo de esta noche ha sido la última vez.

 

Ella salió del cuarto y entró en la habitación. Cogió su ropa, desperdigada por la cama y el dormitorio y se vistió con ella. Antes de acercarse al marco de la puerta del baño sacó un paquete de tabaco del bolsillo del culo de sus vaqueros, y se encendió un cigarrillo. Algo dentro de ella había cambiado respecto a la noche anterior. Estaba por fin dispuesta a seguir su propio camino.

– Lo siento, pero yo no puedo seguir así. No es la vida que me imaginé.

Él había vuelto a tener otro ataque de náuseas y tenía la cabeza prácticamente entera metida en el bidé. Un pajarillo de colores, o puede que fuera una mariposa revoloteaba por dentro del cuarto de baño, lo cual le pareció sencillamente asombroso. Entre espasmos, saliva que se le resbalaba por la boca y lágrimas que se escurrían pos su cara decía:

– Vete entonces, paso de ti. ¿Sabes? No te necesito, ya puedo buscarme a otra, ahora estoy mejor que cuando nos conocimos, vete… yo, ya no te quiero, ya no te quiero más.

 

Ella logró engañar un llanto que estuvo a punto de romper en sus ojos, y asintiendo con la cabeza se despidió. Dijo adiós a dos años de suplicios, de visitas al hospital, de problemas día sí y día también. Pero en el fondo, le dolió dejarle así. Hubiese preferido marcharse al día siguiente, por la mañana, sabiendo que él había logrado hacerle un exorcismo a sus demonios internos y echarse a dormir en la cama. Eso sí que la dolió y mas tarde la dejó sin dormir aquella misma noche.

Mientras la puerta se cerraba, él escuchaba como un futuro brillante y prometedor se iba alejando. Lo único que conocía, su mañana. Todo se iba con ella.

 

– Vete, no te quiero… yo, no te necesito… puedo irme con otra… yo, no te quiero… yo no… te quiero… lo sabías antes de conocerme. Sabías que todos los que se acercan a mi, terminan hechos una mierda.

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